La Semana Santa 2026 no fue simplemente un feriado; fue una demostración de fuerza del músculo económico dominicano. Ver a más de 700,000 vehículos cruzar los peajes en apenas 48 horas es el síntoma de una sociedad que, a pesar de los retos globales, tiene hambre de consumo, ocio y reencuentro.
Sin embargo, este «éxito» nos obliga a mirar más allá de las impresionantes cifras de ocupación del 90%..
El país se convirtió, literalmente, en un embudo. Mientras el Ministerio de Turismo celebra con justa razón que somos el faro del Caribe, la infraestructura vial y la gestión de desechos en los polos turísticos parecen haber llegado a su punto de quiebre.
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El dominicano ya no solo viaja; «se desborda». El crecimiento del 62% en el tráfico del Jueves Santo sugiere que la movilidad interna ha superado nuestras proyecciones de planificación urbana.
Por otro lado, la llegada masiva de extranjeros, atraídos por una estabilidad que otros vecinos regionales han perdido, coloca a la República Dominicana en una posición de privilegio, pero también de alta responsabilidad.
Lo más fascinante de este 2026 es el comportamiento del dominicano que sale.
Con más de 150,000 personas moviéndose por los aeropuertos, queda claro que la democratización del transporte aéreo (gracias a las aerolíneas de bajo costo locales) está creando una nueva clase media viajera que ya no solo mira hacia el interior, sino que compite por asientos hacia el extranjero.
Estuve en Jarabacoa, con las gentiles atenciones del general (r) Francis Gatón y Pablo Acosta y por este lugar hubo una afluencia masiva, consolidando su posición como el destino de montaña preferido en el país. La ocupación hotelera al igual que en los principales polos del país (Punta Cana y Samaná), Jarabacoa ha operado con niveles que rondan el 90-100% de ocupación. Esto incluye tanto hoteles boutique como la amplia red de villas de alquiler vacacional.
Para entender la magnitud de este asueto, hay que mirar los datos fríos que reflejan un país en total movimiento.
Se registró un récord histórico de 724,733 vehículos desplazándose por los peajes solo entre el Miércoles y el Jueves Santo. Esto representó un incremento masivo del 39.8% respecto al año anterior.
Cientos de miles de dominicanos saturaron las vías hacia el interior. El Fideicomiso RD Vial reportó que el Jueves Santo fue el día de mayor flujo en cinco años, con un crecimiento del 62.25% en comparación con el 2025.
Los destinos estuvieron al límite de su capacidad. El promedio nacional de ocupación rondó el 90%, con zonas como el Este (Punta Cana, Bávaro) y Las Terrenas reportando un lleno total (100%).
El turismo receptor (extranjeros) se estima que la llegada de extranjeros no residentes superó los 210,000 visitantes por vía aérea durante la semana, consolidando al país como el líder del Caribe en resiliencia turística.
El flujo de salida de dominicanos también fue notable. Solo a través de los aeropuertos gestionados por AERODOM se movilizaron unos 150,000 pasajeros, muchos de ellos dominicanos aprovechando las nuevas conexiones de bajo costo hacia destinos en Latinoamérica y EE. UU.
La Semana Santa 2026 deja una lección clara: el turismo es nuestro petróleo, pero el petróleo quema si no se maneja con cuidado. El reto para el 2027 no será una política de atraer a más gente, porque ya vienen, sino gestionar la calidad de la experiencia para que el dominicano no se sienta un extraño en su propia tierra y el extranjero siga encontrando el paraíso que le vendemos en los catálogos.

