Las derrotas pueden hacerte grande si aprendes de ellas, si puedes reconocer el triunfo del contrario. Las victorias pueden transformarse en derrotas si las asumes con arrogancia humillando al vencido, si no puedes estrechar su mano y caminar a su lado.
Los fuertes se debilitan, los débiles se fortalecen. Es la historia. En política, no siempre se gana. El que no quiera perder, que no juegue.
En la democracia las minorías se subordinan a las mayorías en un juego dialéctico. El que no entienda esa normativa, que se dedique a otra cosa. A empresario, por ejemplo. Y deje la política a los políticos que respetan las leyes de la política, que son las que permiten la convivencia y la paz.
Peña Gómez, el hombre de más méritos que ha parido este país, compró la gloria y la eternidad sin pagar un centavo. Nació pobre y murió rico sin dejar otra fortuna que no fuera su legado.
No llegó a la presidencia de la República, pero no la necesitó para convertirse en figura histórica. A pesar de ser negro, pobre y feo, logró, a base de trabajo, talento y voluntad de hierro, traspasar las fronteras de sus limitaciones.
Tenía razones para odiar, pero no odiaba. No tenía motivos para amar, pero pocos amaron más que él. Peña Gómez no era un resentido. Era un rebelde, un revolucionario. Como tenía que ser. Los que lo citan coyunturalmente deberían ser como él.
Hipólito Mejía, político de vieja data, no se obsesiona con la victoria.
Durante el proceso de Convención no denunció el fraude aun cuando sabía que le harían fraude. Pero se preparó para evitarlo en la magnitud planificada. No denunció la compra de votos. Pero organizó su gente para que no le compraran tantos votos que implicara su derrota. Tenía el padrón del garrote que se difundió. Y advirtió de su existencia a quienes tenía que hacerlo. Hipólito se preparó para enfrentar el fraude, no para hacerlo. Sería incapaz de algo tan bajo. Hipólito ganó porque cometió menos errores. Porque sus asesores trabajaban por identidad política, no por dinero. Si hubiera perdido, lo admitiría sin resentimientos. Pero hay gente que no se coloca a la altura del conflicto.
No se puede vivir con tanto veneno. Pesa más la rabia que el cemento. Dice Shakira.

