Mi simple respuesta a Quique. Amigo de añales, que me sugiere pensar en su idea de permitir que Danilo Medina vuelva en el 2024. Hay cosas en las que prefiero y celebro no pensar, Quique. Es peregrina la tesis de que activándolo se divide el PLD y resta fuerza a Leonel Fernández. Propia de oscuros tiempos, si no superados, muy cuestionados por una nueva generación que procura transparencia en el quehacer político. Ya el truco de mete un dedo que la cotorrita no está ahí no le da cosquillas ni a los recién nacidos.
Esas viejas mañas, tal vez efectivas en un accionar muy sinuoso, encuentran ahora un muro de contención en tiempos como estos, donde la tecnología lo transparenta todo, incluso misterios de la ciencia, antes inescrutables para la gente común.
El PLD se basta y se cuece en sus contradicciones. Nadie puede meterse ni insinuarse en ellas sin salir embarrado. Danilo Medina se va y se despide.
Que quiera quedarse o volver sí atañe a la oposición si insiste en hacerlo, como trató y no pudo. Ahí termina ese asuntos, claro que manteniendo un ojo abierto. Sin embargo, pedir que lo dejen volver es sospechoso e imprudente.
A nadie en la oposición le luce ni corresponde proponer habilitar al actual mandatario. Que lo hagan sus seguidores es ya otra cosa. Y aún así es una propuesta que debe ser rechazada de plano. El papel principal de todo el liderazgo opositor es estar vigilante y cuestionar los desmanes del PLD, que no han sido pocos, nunca sus aliados, ni de chepa.
De manera que, estimado colega y hermano, dar paso al transcurrir del devenir político dejando que cada fuerza sortee su futuro es lo que procede.
En cualquier jugada, entre los vericuetos que guarda el desempeño partidista, para los gobiernistas, el PRM y demás grupos que lo adversan siempre estarán del otro lado de la acera. Los tomarán en cuenta como instrumentos, no como aliados. Suponer o esperar algo diferente es soñar despierto, para decirlo de una manera generosa.

