La moderación gana terreno en el Gobierno respecto a los problemas fronterizos. Ha sido una muy grata sorpresa que figuras como el director de Migración, José Ricardo Taveras, reconozcan que las fronteras suelen ser conflictivas en todos los países donde existen. No se trata de cruzarse de brazos, sino de entender una realidad que de la misma forma en que no se puede soslayar, tampoco puede prestarse para convertir los conflictos en toques de tambor.
Para resolver los problemas está la diplomacia, que es la vía utilizada por el Gobierno para abordar las frecuentes crisis que se plantean con Haití. No es con hostilidades, sino a través de la conciliación, como tienen que dirimirse los incidentes ocurridos en la zona y que tanta preocupación han causado en algunos sectores.
Tiene razón el director de Migración cuando señala que se trata de un tema delicado y en reclamar protección para las sedes diplomáticas y consulares de República Dominicana en la vecina nación. Es loable.

