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Resultados que desnudan

Resultados que desnudan

El principal inconveniente que padecemos como nación es no reparar debidamente en las variables esenciales que determinan el mayor o menor nivel de desarrollo humano que podemos exhibir y, lo más importante, las posibilidades que tenemos de avanzar o, de lo contrario, continuar sumergidos en un estado de fragilidad que nos impide dar el salto hacia un escenario más cualificado.

Las características de nuestra situación como país son propicias para que prevalezca una distorsión de las prioridades y para autoengañarnos, concluyendo de forma errónea que estamos ante un cuadro de bonanza que hasta suele ser utilizado como paradigma regional. El innegable crecimiento que ha experimentado nuestra economía, -al margen de las causas que lo han originado-, así como la existencia de sectores económicos minoritarios cuyas condiciones materiales de existencia son equiparables a grandes potencias, crean un espejismo que puede confundir a quienes auscultan de manera superficial una realidad que es dramáticamente diferente.

Están identificados los factores que mantienen, aún sea de manera precaria, el relativo equilibrio social prevaleciente. Lo penoso es que todos, sin excepción, no son más que simples placebos que apenas contribuyen a paliar los síntomas de una gravísima enfermedad que ni por asomo está siendo atacada en sus etiologías fundamentales. Eso, de forma inevitable, no puede preservarse a largo plazo y el paciente más temprano que tarde se hará crónico y caerá en estado comatoso.

Luchas intensas fueron libradas para obtener el cumplimiento de leyes que especializan montos para ser asignados a la educación preuniversitaria. Como resultado, sumas fabulosas han sido destinadas a ese renglón y ha transcurrido un tiempo suficiente para que, aun sea en escala proporcional, las diferencias cualitativas hubiesen aflorado entre el antes y el después. Ha sido todo lo contrario, la comentada evaluación Pisa ha demostrado que la educación dominicana ha tenido retrocesos respecto a mediciones previas, lo que permite afirmar que esos recursos enormes han sido mayormente dispendiados.

Cierto que era necesario construir recintos escolares; incrementar salarios de profesores; extender tandas escolares, pero nadie puede suponer que esas mejoras, por sí mismas, propiciarían un incremento en la calidad de la docencia impartida y de los alumnos. El maestro inepto no mejora porque se le pague más ni trabaje en mejor espacio. Para que tandas escolares más extensas repercutan en el producto final, ese tiempo debe ser eficazmente aprovechado. Como nada de eso se ha hecho, hemos sido desnudados por tan vergonzosos resultados.

El Nacional

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