Opinión

Revueltas en Haití

Revueltas en Haití

Revueltas en Haití

 

Del pueblo haitiano tenemos una visión tan estereotipada que cuestionamos hasta su lucha para abolir la esclavitud. Las ocupaciones, por un lado, y la violencia que han caracterizado sus insurrecciones alimentan el resentimiento, pero también la miopía para escamotearle el valor a una nación que ha abonado con sangre la conquista de sus prerrogativas. Si todavía hoy los vecinos recurren a la violencia para reclamar justicia se debe a que no conocen otro método o es el camino que les han dejado las élites que han usufructuado el poder.

La historia no hay que repasarla. Si algo hay que repasar son los criterios que se tienen sobre las acciones sociales de los pobladores de la vecina República. Cuando los haitianos toman las calles, como ha ocurrido estos días en demanda de que se aclare el supuesto desvío de más de dos mil millones de dólares del programa Petrocaribe, no se trata de ningún acto de salvajismo, sino de demanda de justicia.

La violencia, como se ha visto en las protestas de los muy cultos franceses contra los gravámenes a los carburantes, es propia de la irritación en un momento determinado. Los “chalecos amarillos”, con la cultura y el desarrollo de su nación, tienen más medios que los haitianos para canalizar sus demandas, pero prefieren otros medios.

El presidente de Haití, Jovenel Moise, sabe de lo que son capaces sus compatriotas cuando no se satisfacen sus demandas. Tras la pedrea de que fue víctima durante la ceremonia para conmemorar un nuevo aniversario del natalicio de Jean Dessalines tiene que estar más que convencido.

Fue precisamente después de ese incidente, entendiendo que había que tomar acciones, que canceló a tres ministros heredados de la gestión de su antecesor Michel Martelly que estuvieron ligados a Petrocaribe.

También designó una comisión para hacer las investigaciones, pero sin mayores avances. Al estancarse el proceso la población volvió con más fuerza a la calle, apareciendo esta vez consignas que demandan la renuncia del mandatario.

Las consignas y la intensidad de las protestas alertaron a la comunidad internacional, que de inmediato se solidarizó con el Presidente. Esa no es la cuestión.

En lugar de intervenir para que se transparente el destino de los recursos de Petrocaribe, que el pueblo no recibió en sanidad, educación ni en fuentes de empleo, los organismos extranjeros apoyan al Gobierno como condición para la estabilidad o la gobernabilidad.

Y por aquí, mientras tanto, nos refugiamos en estereotipos para ver la violencia que acompaña la demanda de justicia como parte de una tradición propia de una sociedad salvaje. No a un pueblo que está en pie de lucha en defensa de sus intereses.

El Nacional

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