Opinión

Rikers Island II

Rikers Island II

Cruzando el  puente Triboro, de Manhattan, viajando hacia Queens, se pasa frente a una isla que se ha hecho famosa porque es una cárcel modelo.  Se llama Rikers. Lo que llama la atención es su arquitectura rectangular, enrejada.  Siempre pensé que era la más cruel de las cárceles, porque por sus ventanas los prisioneros pueden ver las luces de Manhattan.

En Santo Domingo han construido una Cárcel de Rikers, pero  sin isla.  Se encuentra en la avenida Luperón y está conformada por tres edificios de “apartamentos de lujo”, réplica de la arquitectura de esa cárcel. Grises, enrejados por todas partes, feos, ignoro quien fue el arquitecto o arquitecta de este adefesio en el cual Invivienda se gastó la cuarta parte del  presupuesto nacional destinado a la construcción de viviendas para los sectores medios y pobres de la población.

Por instinto, sus propietarios no se atreven a mudarse, porque sería el único caso en el mundo donde un grupo de personas, se dice que funcionarios del actual gobierno, se metería voluntariamente a la cárcel.  Además, hacerlo, sería ponerse en evidencia, algo que los nuevos ricos hacen permanentemente con su ostentación de yipetas, carros Bentleys  (y yo que pensaba que alguna gente era seria), Jaguares, lentes, zapatos, corbatas….

En un panel reciente,  el público  se preguntaba qué hacer con esa triada de rejas y cemento.   Y algunas sugerencias fueron geniales: que los damnificados que los dos últimos ciclones que llevan años esperando que Invivienda se conduela y les construya aunque sea un galpón, se apersonen a los edificios para subrayar con su presencia las iniquidades de su actual administración.

Que los artistas también se apersonen y pongan color e imagen en estos tres bloques de cemento que si a algo han contribuido es a afear la avenida Luperón.  Se me ocurre que cada edificio sea pintado en colores primarios y que en el muro que los separa de la avenida se pinte un mural con casitas con árboles, arcoíris, nubes, pájaros, porque si algo está ausente de este cónclave es el color y el verde  del  follaje.

Y mientras esto sucede, los políticos apolíticos gastan su aenergía en combatirse mutuamente, asegurando con sus guerritas de egos la continuación de la desvergüenza colectiva, que en este caso por lo menos, (ironía de la vida,  o maldad arquitectónica), ha hecho de un monumento al ascenso de los nuevos ricos, la réplica de una cárcel, no ya en la isla de Rikers, sino en la isla de Santo Domingo, capital de una isla mayor, cuya desgracia es estar rodeada de las rejas del impudor  y la estupidez  política,  por todas partes, sin el beneficio  de las luces  de  Manhattan.

El Nacional

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