El historiador Frank Moya Pons soltó unas cuantas verdades, de esas que son difíciles de refutar porque son muy evidentes. En una conferencia con motivo de los 15 años de la Ley General sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales, señaló que en el seno del Estado operan “muchos agentes” que accionan contra los intereses de la mayoría. Nadie se atreve a decir lo contrario, pues se sabe que es una verdad de a puño.
Pero la crítica se torna más incisiva al indicar que el privilegio y el favoritismo son el lubricante de la acción gubernamental y de la Administración Pública. Se trata de otra verdad como un templo que la gente no solo palpa a diario, sino que lo concibe como una cultura.
Es la razón por la cual el prominente intelectual plantea romper el hechizo y trabajar por el bien común. Y la mejor forma de hacerlo es a través de la aplicación de la ley, creada con esos fines, y relegar los discursos que no pasan de reflejar una realidad virtual. Merece por lo menos atención.

