La integración de mujeres a las Fuerzas Armadas y la Policía es un hecho consumado. El ímpetu femenino ha demostrado que no hay profesiones, oficios y misiones masculinas, al lograr su ingreso a las filas castrenses y la institución encargada de velar por el orden, las vidas y las propiedades.
Las mujeres, en particular en la Policía, integran incluso a las tropas de choque con la misma actitud y disciplina que sus colegas varones y con mayor eficiencia y aplicación en el desempeño de sus labores.
Igual ocurre con sus compañeros en la Autoridad Metropolitana del Transporte: las mujeres policías de Amet son más firmes en la aplicación de la Ley, y casi nunca se han visto envueltas en enfrentamientos personales como ha ocurrido con los Amets masculinos.
Se dice que se activan, para generar estos enfrentamientos y el uso excesivo de fuerza, la testosterona, cual herencia genética que aporta una proclividad dañina hacia el ejercicio de un poder abusivo.

