SANTIAGO.- A las dificultades que significan los tarantines y el estacionamiento de vehículos en el área comercial del centro histórico de esta ciudad, se agrega el daño ambiental que significan las estridentes amplificaciones utilizadas para ofertar productos, colocadas en las aceras.
La emblemática calle Del Sol, en la superficie comprendida entre las calles 30 de Marzo y España, en los últimos tiempos se ha convertido en pandemónium, donde el ruido ensordecedor impera y causa serias molestias entre quienes se aventuran a caminar o pasar en vehículos por esa área.
Para los propietarios de tiendas poco importa que la ley de Medio Ambiente regule los sonidos emanados de aparatos reproductores de voz y música. Los decibeles provocados por personas que, utilizando potentes equipos de amplificación, poco a poco van convirtiendo en un lugar infernal el centro de la ciudad.
Hasta hace algunos meses la situación resultaba manejable en la calle Del Sol, pero de un tiempo a esta parte, son muchas las tiendas que buscan atraer clientes mediante ese sistema, hasta el extremo que ya se pueden escuchar ofertas de negocios ubicados uno al lado del otro.
Como consecuencia de los altos volúmenes con que ponen a funcionar los aparatos, los anunciantes dan la impresión de que compiten para ver quién logra concitar más la atención de los posibles clientes, sin aparentemente percatarse del daño sónico que ocasionan.
Esa situación se le suma a la dificultad que genera entre los caminantes de ese tramo la proliferación de tarantines, por medio de los cuales vendedores informales ofertan accesorios para vestir y artículos para el hogar, obstaculizando con ellos casi todo el ancho de las aceras y parte de la calle.
El asunto se ha agudizado con la presencia de las casetas tradicionalmente utilizadas en épocas navideñas, a través de las cuales se ofrecen frutas, bebidas y golosinas propias de la temporada. Aunque de manera visible se pueden observar señales de tránsito en áreas donde se prohíbe el estacionamiento de vehículos, las mismas no son respetadas por los conductores, a pesar de que en la zona hay desplegados agentes de la Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet).
La inobservancia de las disposiciones de tránsito también se ha convertido en un aspecto propiciador del caos que reina en la calle Del Sol, aparentemente con la complicidad de las autoridades del Ayuntamiento, Medio Ambiente y los agentes de tránsito.

