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Amargo de berro, ¡péguese un trago!

Una interesante anécdota para mis amigos de salud en línea.
Cuando solo contaba con 12 años de edad, me inicié como músico en la banda de mi pueblo natal Bonao, con un sueldo mensual de RD$7.00 (siete pesos) mensuales, pues existía una plaza de RD$31.00 (treinta y un pesos) y con la misma, no la distribuyeron entre cuatro músicos con el mismo sueldo.

Mi nombramiento en esa oportunidad (así pienso) se debió más al atractivo de tener un “trompetista infantil” que llamaba mucho la atención cuando cada domingo desfilábamos desde el palacio del ayuntamiento local hasta la glorieta del parque de Bonao, como entenderán, mis pasos a esa edad eran “mas cortos” que los del resto de los músicos adultos, lo cual llamaba mucho la atención.

Eran tantos los niños contemporáneos que me imitaban en el desfile llevando el paso rítmico de la marcha, que posterior a mi ingreso personal, fueron muchos los jóvenes interesados en ingresar a la academia de música que daba paso a pertenecer a la Banda de Música de Bonao, dirigida en ese entonces por el profesor don Julián Martí, destacado trompetista bonaerense.

Debo reconocer y agradecer a la vez a mi padre ido a destiempo Félix Antonio Escaño de Jesús, músico clarinetista de la banda de Salcedo, su pueblo natal, quien fue mi maestro, promotor y guía y me exigía que le estudiara una “lección por día” del método musical Eslava, para cuando llegara a la academia, no tuviese problemas.

Recuerdo aquel viernes del mes de marzo del año 1960, cuando fui a dar la lección número 58 del método Eslava, inicié con buen ritmo y entonación (como me exigía mi padre) y a medida que iba progresando en la lectura de esta complicada lección en el salón de ensayos de la banda de música, en el Palacio del ayuntamiento, se iban acumulando músicos de diferentes categorías detrás de mí y el director don Julián Martí que presidia el jurado, pues, todo aquel que pasaba la lección número 58 (como yo la pase) le daban la oportunidad inmediata de elegir el instrumento que le gustaba.

Un aplauso estruendoso fue el que recibí de todos los presentes de esta evaluación incluso con algarabías donde señalaban apareció un niño prodigio.

Unos quince días después, me entregaron una trompeta, con la que debía iniciar mis prácticas rutinarias ya como instrumentista, y ya a los 6 meses de estar ganando “siete pesos mensuales” recibí del presidente del ayuntamiento de entonces el doctor Pedro Romero Confesor, mi primer nombramiento público con RD$31.00 (treinta y un pesos) mensuales (constancia que aún conservo).

Era una tradición en Bonao para la época de las navidades, tocar “mañanitas navideñas” y fue así como en una de esas actividades de Navidad, un compañero muy popular que tocaba redoblante y le llamaban “pipian” sacó una botella de ron “amargo de berro” y a las 4:00 de la mañana me dijo: “péguese un trago para que aprenda hacerse un hombre”.

Terminé la alborada sin “dar una nota” pues el cuadro de hipoglucemia (que ahora profesionalmente entiendo me ocurrió) hizo que me buscaran rápidamente un sándwich y un jugo de naranja que me revivió solo para llevarme a mi casa en la avenida Doctor Pedro A. Columna, donde residía.

El Nacional

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