La gente lo que necesita es comer y dormir bien, entre otras necesidades. Si duerme siete u ocho horas diarias y lleva una dieta alimenticia equilibrada, con los nutrientes suficientes que demanda el organismo, podría tener una salud acorde a la edad, porque a fin de cuentas el organismo humano es degenerativo.
Con los avances científicos y tecnológicos de la medicina cada vez es más difícil encontrar a una persona que esté totalmente sana, con una salud cien por ciento. Pero si sus patologías son controlables, mediante tratamiento, tiene suficiente motivo para celebrar, pues su condición física le garantiza tranquilidad y buen estado anímico.
Cuando hay salud y tranquilidad la persona puede hacer proyectos y planes futuros en búsqueda de la felicidad anhelada en el marco de las posibilidades. Sin embargo, muchos se equivocan con la creencia de que el dinero es lo único que garantiza felicidad. No se ha comprobado que los ricos necesariamente sean más felices que los pobres. “La felicidad no existe en la vida. Sólo existen momentos felices”, dijo Jacinto Benavente. Otro pensador, Friedrich Halm, dijo: “Los felices son ricos, pero los ricos no siempre son felices”.
Traigo el tema a colación porque observo en mi país a muchas personas con un desmedido afán de lucro, que no se cansan de buscar dinero. Con la agravante, en algunos casos, de apelar a prácticas ilícitas, como el peculado (en desmedro de órganos estatales), narcotráfico y otras actividades criminales.
Hasta los empresarios que se hacen esclavo de la generación de riquezas están en un error, en la medida en que descuidan su salud y la integridad familiar, que son aspectos básicos, pero siempre alegan que no tienen tiempo. Cuando vienen a sacar tiempo para la salud es un poco tarde, porque lo hacen ante un Accidente Cerebro Vascular, producto del estrés, una hipertensión no tratada debidamente o una deficiencia vascular que pudo controlar con pastillas.
Se equivocan todos aquellos que se hacen esclavo del dinero, que piensan que es sinónimo de felicidad, al extremo de sacrificar su salud y su tranquilidad. Y cuando les diagnostican una enfermedad terminal, como el cáncer, siempre se hacen la misma pregunta:
¿Diablos y qué yo hago ahora con tanto dinero? Lo que necesitamos simplemente es comer y dormir bien. Y, naturalmente, otra cosa que no viene al caso. Ahí se circunscribe la felicidad de la gente.

