Opinión

Salvar la democracia

Salvar la democracia

Los últimos acontecimientos en Honduras permiten suponer que los golpistas tratan de ganar tiempo, mediante la búsqueda de “negociaciones” que evidentemente persiguen el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, que sólo reconoce a Manuel Zelaya como legítimo presidente.

Imposibilitado Zelaya de retornar a Honduras so pena de ser arrestado por los militares, ahora el gobierno de facto envía a Washington una comisión con apariencia de “sociedad civil” para dizque “negociar” con la OEA. ¿Negociar qué?

Es altamente sospechoso que a esa comisión se incorpore el embajador de Honduras en Washington, cuando ese señor había sido destituido por el Gobierno Constitucional de Zelaya.

La respuesta de la comunidad internacional al Golpe de Estado ha sido contundente. En este caso no hay medias tintas: Zelaya tiene que volver a su cargo. Sin condiciones. Primero deberá descabezar el gorilismo,  y luego celebrar elecciones libres y limpias.

Estados Unidos debe actuar con más contundencia contra los golpistas, pues se trata de defender un Estado de Derecho legítimo, porque de lo contrario negarían sus propios principios democráticos que fundamentan su Gobierno.

Si Estados Unidos reconoce como legítimo a Zelaya, no debería permitir que un embajador destituido tenga vigencia, en representación de un Gobierno que además de quebrantar la Constitución, reprime y mata a los partidarios de la democracia, además de que impide la libre expresión del pensamiento.

Si se permite que los golpistas se salgan con la suya, habría que decir adiós a la democracia en América Latina.

Esto es penoso, pues ha sido mucha la sangre derramada por nuestros pueblos para  consolidar el proceso democrático.

Esperamos que los países latinoamericanos, que han respaldado al Presidente legítimo de Honduras, redoblen sus esfuerzos, sin que se apaguen sus energías, porque como bien dice el refrán “cuando veas arder las barbas de tu vecino, pon la tuya en remojo”. Este es un decir muy sabio, pues si no se sanciona contundentemente a los golpistas como se merecen, se corre el riesgo de que la democracia sea una ficción, tanto en América Latina como en aquellos países donde todavía hay ejércitos con mentalidades cavernarias.

El Nacional

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