Opinión

Salvaron a Obama

Salvaron a Obama

El discurso del presidente Barack Obama ante la XV Conferencia Internacional de Cambio Climático, que cerró el viernes reciente en Copenhague, Dinamarca,  no fue pieza de conmoción, aunque los insultos que les obsequiaron dos de los mandatarios participantes, nada tienen que ver con la vaguedad de sus palabras en ese cónclave.

Se ha tornado muy difícil conciliar los intereses de los países ricos y de los empobrecidos, en torno a un tema tan esencial, pero no sólo por la resistencia de algunos de los más influyentes, sino porque no han podido conjugarse los factores que son necesarios para consensuar entre 192 países, y Dinamarca con su preciosa metrópolis, será muy moderna, muy rica y civilizada, pero como país anfitrión no cuenta con el brazo diplomático necesario para esa tarea.

Copenhague está clasificada entre las veinte ciudades mejores para vivir que tiene el planeta y es la tercera de Europa Occidental con el mayor número de oficinas principales de consorcios transnacionales, pero, aún entre el denominado G-77, confronta obstáculos para producir posiciones unificadas.

La disertación de Obama dejó la impresión de que el calentamiento global no es tema jerarquizado entre sus prioridades. La pregunta que muchos periodistas se formularon al presenciar sus palabras desde el centro de prensa fue la de ¿a qué vino? El aporte económico que mencionó por parte de los Estados Unidos para los países en vía de desarrollo, para que se vinculen a la preservación del medio ambiente, fue pírrico.

Llamó la atención la ausencia de la mayoría de los gobernantes de esa vastedad dispersa que es América Latina. Sólo cinco presidentes consideraron importante  estar allí: Lula, Calderón, Uribe, Chávez y Evo.

De todos ellos el que en mejores condiciones está de pregonar es Felipe Calderón, puesto que México es la primera gran nación en establecer objetivos voluntarios de reducir sus emisiones en un 50%; su presidente ha sido galardonado por crear una fundación verde, pero además en  Copenhague el Banco Interamericano de Desarrollo, anunció el desembolso de un préstamo de 50 millones de dólares para crear la mayor granja eólica en Oaxaca.

En ese escenario, Chávez volvió a percibir el olor a azufre. No es lo mismo invocar al enemigo malo que verlo llegar. Su guapeza no es porque Obama anuncie un aporte de diez mil millones de dólares a los países pobres para proteger el planeta, mientras  su presupuesto para la destrucción que representa la guerra es de 700,000 millones. Es porque el establecimiento de siete bases  en Colombia limita  su radio de acción para apoyar de manera soterrada a  las FARC  y otras expresiones de insurgencia, pero además, Estados Unidos que   censuró el derrocamiento de Zelaya sin condenar los hechos que desencadenaron el acontecimiento, acaba asumiendo una postura más cónsona con sus intereses.

Lo de Evo Morales es  el deseo de ponerse a tono con su jefe y mecenas Hugo Chávez. No midió  el  contenido racial de sus palabras. Al afirmar que lo único que ha cambiado en  EU es el color del presidente, más que ridiculizar a Obama, le dice al mundo que el populismo y los petrodólares han llevado a la presidencia de nuestros países individuos que no están aptos para las dignidades que ostentan.

El Nacional

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