Opinión

¡Salven esa ley!

¡Salven esa ley!

Inmerso en una temprana campaña proselitista, el liderazgo del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) mantiene entre sus redes a un agonizante proyecto de Ley de Partidos, que un desbordante sectarismo intrapartidario parece dispuesto a dejarlo morir.

Esa ley no ha sido aprobada en el Congreso porque grupos hegemónicos al interior del PLD, con mayoría en las cámaras legislativas, pugnan todavía entre insertarle la obligatoriedad de primarias abiertas y simultáneas o que los candidatos sean escogidos a puertas cerradas por los partidos.

La sociedad dominicana aspira a que ese estatuto obligue a las instituciones partidarias a sostener un desempeño basado en la transparencia, respeto a la Constitución, sin que se conviertan en canteras oligopólicas o en parcelas al servicio de caudillos.

Esa debe ser una ley orgánica, de naturaleza reguladora, cuyo objetivo principal sería el de fortalecer la democracia y salvaguardar el irrenunciable derecho ciudadano a elegir y ser elegido en comicios internos, sectoriales o generales libres y transparentes.

A lo que se aspira es a un estatuto que garantice que los partidos no serán nunca más agencias lavadoras de dinero, ni que para poder un ciudadano postularse a un cargo electivo requiera de una fortuna a ser distribuida entre mansos y cimarrones.

A la oposición política le corresponde una cuota de culpa por su pobre desempeño en la tarea de promover la aprobación de una Ley de Partidos que garantice democracia y participación de los ciudadanos que ostentan la condición de miembros o simpatizantes de una organización partidaria.

Hay razones para pensar o sospechar que el liderazgo mayor del PLD ha decretado el aborto de una ley fundamental para el sostenimiento y consolidación del espacio democrático, por lo que se requiere que la propia sociedad auxilie a ese proyecto para que no perezca antes de nacer.

Gobierno y partido oficial deberían recobrar el sentido y abocarse a un rápido acuerdo que permita a sus legisladores, junto a la bancada de oposición, aprobar la Ley de Partidos, a menos que deseen cargar con el fardo histórico de haber truncado una de las más sentidas aspiraciones de la democracia dominicana.

El Nacional

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