Opinión

Sancristobalense, despierta

Sancristobalense, despierta

En el último tercio de mi vida, luchando con lealtad, honestidad, dedicación y valor por mi San Cristóbal y el país, sin defraudar, ni claudicar los ideales enarbolados durante 49 largos años, aún sufriendo en carne propia humillaciones y atentados,  entre otras cosas que publicaremos.

Fui internado durante once días en el antiguo hospital militar Doctor Ligouth Ceara en 1975, donde sería muerto envenenado.

La intención de atentar contra mi vida, fue concebida por algunos por denunciar el gobierno al que pertenecía y haber renunciando a la membresía política, por los grandes asesinatos, exilios, robos, corrupción, torturas, prisiones ilegales y atropellos contra ciudadanos que se cometían.

Salvé mi existencia por un acto ajustado a la ley a favor del coronel médico doctor Hernández y el mayor De La Cruz, de la Fuerza Aérea Dominicana, también médico, en los tiempos en que  fui fiscal en la cuna de la Constitución.

Este internamiento fue, además, por oponerme a esos asuntos  y hacer derogar un decreto que entregaba en donación el balneario y la casa de Najayo a un administrador de la oficina de Bienes Nacionales de esa época.

Tomás Kempis dijo: “Sin esfuerzo no hay paz, sin lucha no hay victoria y así la acción humana más refulgente es la de ser útil a los demás”.

Pues para triunfar se necesita audacia, fe y determinismo inmaculado. Esto es indispensable.

 Unámonos a nuestras autoridades y sectores que sustentan moralidad, trabajo y desvelo a favor de un San Cristóbal glorioso siempre.

Unámonos, para que juntos levantemos la antorcha que alumbrará un nuevo despertar, visión, sustentada por el presidente de todos los dominicanos, que es el doctor Leonel Fernández Reyna,  independientemente  de nuestra creencias y simpatías políticas.

San Cristóbal merece respeto.

Y merecen respeto sus instituciones y quienes han realizado y vienen realizando acciones positivas, leales y dignas de reconocimiento social y nacional.

 No soy un súper hombre ni un faquir, pero soy hoy de San Cristóbal.

Y, en condición de hijo de San Cristóbal, puedo advertir a aquéllos que lleguen a este pueblo  a ocupar funciones y a quienes ya las tienen, que tienen que pisar bien derecho y de frente.

La advertencia va sin  importar rangos ni altas posiciones, porque, junto a otros somos defensores y estandartes auténticos de la tierra generosa que nos vio nacer, y ello está probado.

Napoleón Bonaparte proclamó: “Los pueblos se salvan de todos sus reveses, excepto de aquél en que consienten sus oprobios”

San Cristóbal está repleto de gentes buenas, capaces, honorables, meritorias, honradas. En este pueblo, las ovejas negras son muy pocas.

 Que vivan los hombres y mujeres de todos los extractos que mantienen principios y dignidad.

¡Viva San Cristóbal, Cuna de la Constitución!

El Nacional

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