La fortaleza de las instituciones se cita como uno de los elementos que marca la diferencia entre el desarrollo y el subdesarrollo. Por aquí es inconcebible que un expresidente de la República o un funcionario declare, aún sea como testigo, en algún proceso judicial.
Sin embargo, en Francia el expresidente Nicolás Sarkozy compareció durante 12 horas ante un juez que lo interrogó sobre financiación ilícita a su campaña para las elecciones de 2007.
Sin que a nadie se le haya ocurrido descalificar al magistrado ni calificar el proceso de político. Pero todavía más: la Justicia trata de determinar si el exmandatario se aprovechó de una nonagenaria para recibir sobres llenos de dinero como donativos de campaña por cantidades que excedieron lo permitido por la ley.
Mientras por aquí es impensable una investigación por desfalco hasta contra un funcionario de tercera categoría, Sarkozy no resistió el llamado de la Justicia, un poder que en Francia goza de prestigio e independencia.

