El secretario de Interior y Policía se canta y se llora cuando atribuye el incremento de la criminalidad al mal manejo técnico de los agentes policiales, y afirma al mismo tiempo que el índice de delincuencia aquí es uno de los más bajo de América Latina.
La crítica del doctor Franklyn Almeyda al desempeño policial se produce después que la institución ha resuelto los casos de secuestros del joven Eduardo Baldera Gómez y de los niños Micael Moreno Sepúlveda y Agustín Jiménez Peña, todos retornados al seno de sus hogares sanos y salvos.
Tiene razón el funcionario al señalar que si hubiese mejor manejo de la delincuencia y criminalidad, se redujeran las muertes por intercambio de disparos, pero sería injusto culpar a la Policía por la enorme cantidad de armas en manos de la población civil.
Atribuir el incremento de un 3.4 por ciento en la tasa de criminalidad sólo a la incapacidad en el manejo de técnicas policiales, es más que una exageración, pues muchos otros factores ajenos a la institución inciden en el aumento de crímenes y delitos.
Se pone de ejemplo que de 12 muertes violentas acaecidas en la región Norte en las últimas 72 horas, sólo una correspondió a delincuencia común. Los demás homicidios fueron por causas pasionales, ajustes de cuenta o relacionados con narcotráfico.
Frenar la criminalidad es un compromiso de todas y cada una de las instituciones oficiales vinculadas con la prevención, persecución y castigo de los crímenes y delitos, entre las que se incluye, la propia Secretaría de Interior.
Es al Estado al que le corresponde dotar a la Policía de los instrumentales y de la capacitación técnica que requiere para combatir con mayor eficiencia la delincuencia, por lo que no parece saludable que en vez de atender ese compromiso se endose a esa institución culpas ajenas.
El secretario Almeyda ayudaría a consolidar una Policía mejor dotada, mejor capacitada, si lograra que el Gobierno cumpla con equiparla plenamente y aumentar el salario de todos sus agentes.
