Texas.– Hace tres décadas, el mundo de la música perdía una de sus estrellas más brillantes. El 31 de marzo de 1995, Selena Quintanilla fue asesinada por Yolanda Saldívar, presidenta de su club de fans.
“Una tragedia que marcó un antes y un después.”
Días antes, la familia había detectado irregularidades financieras vinculadas a Yolanda Saldívar. Ambas se reunieron en un motel para aclarar la situación, pero el encuentro terminó en una discusión.
Cuando Selena intentó marcharse, recibió un disparo por la espalda. Aun herida, logró llegar al vestíbulo, donde identificó a su agresora antes de colapsar.

“Su último acto fue señalar a la responsable.”
Fue trasladada a un hospital, pero falleció poco después. La noticia se difundió rápidamente y provocó una reacción masiva de sus seguidores.
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“El dolor se volvió colectivo en cuestión de horas.”
Tras su muerte, Abraham Quintanilla Jr. asumió el control de su legado, impulsando lanzamientos póstumos y proyectos que mantuvieron vigente su figura.
Su esposo, Chris Pérez, se mantuvo como una figura cercana al recuerdo de la artista, aunque con el tiempo tomó distancia de algunos proyectos familiares.




Su álbum Dreaming of You alcanzó el número uno en el Billboard 200 y, con el tiempo, sus ventas superaron los 65 millones de discos, generando cientos de millones de dólares.
“Incluso después de su muerte, su éxito siguió creciendo.”
A 31 años del crimen, Selena continúa siendo un ícono cultural cuya influencia permanece intacta,su imagen se mantiene viva en productos de moda, exposiciones y séries de Netflix que revivió su historia para las nuevas generaciones. Cada año, miles de fans se congregan para recordarla, demostrando que su luz nunca se apagó.

