¿Es acaso Señales del Futuro la mejor película de ciencia ficción de los últimos 20 años? De ninguna manera. El film contiene una serie de elementos que verdaderamente cautivan, en especial, algunas interesantes ideas sobre el destino, la casualidad y la predestinación. También hay una buena atmosfera, por momentos un aterrador suspenso y varias secuencias de accidentes resueltas con notables efectividad y no exentas de espectacularidad.
Sin embargo, en general la película es irregular, y lo que es peor, a ratos absurda. Tal vez esta sea una condición indispensable para un film abiertamente apocalíptico, pero de todas formas, la producción definitivamente pierde todo empuje y prestancia cuando el director Alex Proyas reconocido y elogiado por la inmejorable Dark City decide transarse a favor de la platea.
El opening de Señales del Futuro abre en una escuela elemental de Massachusetts en 1959. Una capsula del tiempo va a ser enterrada y a cada estudiante se le ha pedido que escriba en una hoja de papel sus ideas o visión de cómo será el mundo 50 años después. Lucinda Embry (Lara Robinson), quien escucha extrañas voces, es una de ellos. Las voces les dictan una serie de números, aparentemente al azar, sin ningún orden ni concierto. Cincuenta años después, es decir en 2009, la capsula es abierta, y el trozo de papel que perteneciera a Lucinda va a parar a las manos del niño Caleb Koestler (Chandler Canterbury), hijo del profesor de astrología John Koestler (Nicolas Cage), quien se obsesiona con los números y los mensajes cifrados que hay allí.
Koestler descubre con asombro y estupor que aquellos números eran, en realidad, predicciones de algunas de las más grandes catástrofes de los últimos 50 años, con sus fechas, cantidad de muertos y lugar de la tragedia. Para mayor desasosiego, tres grandes desastres no han ocurrido aún. Koestler deberá luchar contra el reloj para tratar de impedir su materialización.
Aunque la actuación de Nicolas Cage, sin ser decepcionante, no es tampoco nada para elogiar; el principal problema de Señales del Futuro radica en un guión confuso y engañoso que invierte por ejemplo, bastante tiempo en asuntos de numerología e infructuosas discusiones sobre la predicción del futuro, y al final, no sabe que hacer con todo esto. Los efectos especiales están bien, pese a que al final se tornan bastante ostentosos.
La historia de este film tenía todo el potencial para convertirse en uno de los títulos más representativos de la ciencia-ficción de los últimos años, pero todo se quedó en un mero e inflado intento.
Si hay algo que debe agradecerse a esta película, además del toque de distinción que consigue impregnarle el director Proyas, es el hecho de que al menos se ha intentado explorar una historia original con una serie de interesantes e inquietantes ideas.

