Opinión

Senasa y los pobres

<P>Senasa y los pobres</P>

Haciéndole honor a la verdad, nadie en su sano juicio puede negar que durante estos últimos ocho años, el Seguro Nacional de Salud (Senasa), se ha convertido en una de las instituciones gubernamentales mejor valoradas en el desempeño de sus funciones, tanto en calidad como en eficiencia y continua mejora de servicio.

   Efectivamente, Senasa, con un equipo de hombres y mujeres trabajadores, desde su directora hasta el más humilde de sus empleados, ha logrado demostrar que cuando se quiere se puede, así de sencillo. Por ello, hoy día todos los estamentos de la sociedad reconocen los logros obtenidos como institución pública.

   Más aún, el Senasa ha logrado rescatar del olvido espantoso y de la miseria humana, a cientos de miles de dominicanos y dominicanas que tan sólo por vivir dentro del campo de la pobreza eran rechazados por empresas privadas de salud.

   Ahí radica su grandeza. Esta institución del Estado ha sabido convertirse en el seguro de los pobres, de los desdichados, de los que viven sus últimos años de vida con la esperanza de que alguien se apiade de ellos. La solidaridad y el respeto que ha sabido ganarse dentro de la población dominicana, como institución del área de la salud, no tiene comparación.

   Es la verdad. Puesto que lo cierto es que Senasa está haciendo lo que nunca antes ninguna prestadora de servicio de salud había hecho. 

   Y que ahora le salgan con esas declaraciones destempladas y, por demás, súper alarmistas, sí que es motivo de preocupación.

   Ante los ojos de la población, resulta altamente preocupante y llama poderosamente  la atención el hecho de que faltando tan pocos días para el cambio de mando, el Superintendente de Salud y Riesgos Laborables (Sisalril),  licenciado Fernando Caamaño, haya dicho lo que dijo, refiriéndose a una supuesta quiebra del Seguro Nacional de Salud.

   Conozco acerca de la integridad, rectitud, honestidad y profesionalidad de la doctora Altagracia Guzmán Marcelino, directora de dicha institución. Y hasta prueba en contrario, donde ella ha estado como servidora pública jamás se han mencionado posibles actos de corrupción.

   Si la intención no era pretender desacreditar a Senasa, ahora que se están acostando las palomas, por así decirlo, por lo menos se logró, aunque fuese por poco tiempo, que las otras instituciones privadas rieran y se saborearan pensando en la tajada que le tocaría a cada una ante lo expresado por el señor Caamaño. Afortunadamente, Dios siempre está al lado de los más buenos. Lo que indica que  Senasa continuará cosechando sus frutos.

El Nacional

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