Muertes como la de un sargento de la Dirección Nacional de Investigaciones (DNI) ocurrida el jueves en el barrio Canastica, de San Cristóbal, plantean, entre otras hipótesis, desde la vigencia del siniestro sicariato hasta el cuestionamiento del sistema judicial. Carlos Germán de la Rosa, de 37 años, estaba en un colmado cuando fue abatido por dos jóvenes que antes de dispararle le recordaron su amenaza, según versiones, de que solo llegaría vivo hasta diciembre.
Tan pronto cometieron el crimen los homicidas escaparon en una motocicleta AX 100. Son muchos los indicios que descartan la muerte de Germán de la Rosa como un caso aislado.
No lo mataron para robarle el arma ni nada. Y si es como se asegura, es obvio que se trata de un ajuste de cuentas, sea por venganza o alguna otra razón que tendrán que aclarar las autoridades. Como muchos otros, el crimen pone de manifiesto que la justicia no es una instancia confiable para dirimir diferencias o que el sicariato representa un medio muy expandido para saldar deudas.

