Corrupción en el deporte
No creo que exista en la historia americana una figura de tanta dimensión para los pueblos de América como Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco,
conocido universalmente como Simón Bolívar.
Su grandeza no sólo es el resultado de sus luchas portentosas, sino en su capacidad visionaria, plasmada en su Carta
de Jamaica y el Congreso de Angostura. Allí expresó “que el talento sin probidad es un azote. Este ilustre americano enseñó que era muy peligroso que los individuos permanecieran por mucho tiempo en el poder, pues el pueblo se acostumbraba a obedecerlos y ellos a mandarlo.
Este razonamiento de Bolívar no sólo es aplicable
a la política, sino también al deporte. Pues no hay dudas de que cuando los
dirigentes deportivos permanecen anquilosados
en sus posiciones, creen que sus oficinas de trabajo son inmuebles de su propiedad y éste es el primer paso que los lleva a cometer actos bochornosos de corrupción.
Los escándalos de corrupción que conmocionaron al mundo, donde
el FBI tuvo que intervenir directamente en el apresamiento de dirigentes olímpicos y que forzó la renuncia Joseph Blatter, no escapa al prologado tiempo de esos dirigentes en sus posiciones.
El señor Blatter fue
secretario general del la
FIFA del 1981 hasta el 1998, año en que asume la presidencia de la principal federación deportiva a nivel internacional. Es lógico que equivocadamente pensara que no existía diferencia alguna entre su vehículo y la poltrona que ocupaba
como presidente de FIFA.
La lucha por el poder en esos organismos que manejan incalculables fortunas fomenta la corrupción, pues se trata de impedir que las nuevas administraciones detecten los
desórdenes financieros y las malas prácticas y otros
tejemanejes que el mundo observó perplejamente
en el escándalo de la FIFA.
Hace tiempo que el profesor canadiense Marshall McLuhan advirtió que el mundo era una aldea global. Las informaciones
están en nuestras manos con un simple toque
de tecla. En ese sentido, nuestra dirigencia deportiva, principalmente el Comité Olímpico Dominicano que dirige Luisín Mejía Oviedo, tiene que abogar para que se incluya en la Ley del Deportes, que ningún presidente de la federación pueda permanecer más de 8 años
al frente de la misma.
Este es el primer paso de combate a la corrupción. Y soy partícipe de que sea así también para
el presidente del COD.
El Libertador estaba tan claro en que tanto tiempo en las posiciones fomenta la corrupción, que establece en 12 años el período para que un ciudadano le sirviera a su patria como presidente. Por eso alabó
el que Washington no aceptara una tercera reelección y se decepcionó cuando Napoleón Bonaparte se hizo proclamar y luego se coronó así mismo emperador.
El movimiento deportivo nacional no requiere de emperadores vitalicios,
sino de nuevos líderes
deportivos conscientes
de que la alternancia es indispensable para evitar que los líderes olímpicos
y federativos se crean que sus posiciones son vitalicias y por lo tanto con derecho al manejo indecoroso de los recursos. Todavía la gran mayoría de nuestros dirigentes es sana, pero hay que dar pasos legales para lograr la alternancia en los puestos dirigenciales. Eso pienso.

