Opinión

Siempre Duarte

Siempre Duarte

Del patricio Juan Pablo Duarte, de cuyo nacimiento se cumple mañana sábado el 206 aniversario, se suele con frecuencia citar sus patrióticas y sentidas frases, en reconocimiento a su integridad y desvelos por convertir a República Dominicana en una nación independiente, libre y soberana.

Duarte, que murió en la miseria, olvidado en el exilio, es digno de que se le recuerde como el ser humano que lo sacrificó todo por amor a la patria, pero no de que se le utilice para causas contrarias a su pensamiento social y político.

Frases como “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán víctimas de sus maquinaciones” merecen recordarse no en cada aniversario de su natalicio, sino siempre.

Pero también aquella según la cual “La nación está obligada a conservar y proteger por medio de leyes sabias y justas la libertad personal, civil e individual, así como la propiedad y demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen”.

Bien que a Duarte se le exalte por su lucha, además que se difunda e imite su ejemplo en cuanto a la transparencia de sus acciones. El 12 de abril de 1844 al regresar del cantón de Baní, donde había sido enviado para reforzar al general Pedro Santana, Duarte ofreció una invaluable demostración de transparencia que las nuevas generaciones deben conocer y la clase política tomarla como norte de su ejercicio del poder.

De los 1,000 pesos que se le entregaron el 22 de marzo cuando salió para su misión solo gastó 173, que detalló minuciosamente, y los restantes 827 los reintegró al erario. El Duarte dueño de ese gesto es el mismo que hizo que sus familiares se desprendieran de sus bienes para ayudar a la causa de la independencia. Y que luego proclamara “Cuán triste, largo y cansando, cuán angustioso camino señala el Ente divino al infeliz desterrado”.

Más que divinizar a Duarte las autoridades, los que se identifican con su pensamiento y las entidades que se han ocupado de documentar su vida, deberían procurar que se le conozca por sus ejemplos, lo que sufrió y lo que hizo por la patria. Antes que una imitación lo que se ha verificado en esta República Dominicana, aunque cueste admitirlo, es una negación del pensamiento y la obra del patricio.

La conmemoración de otro aniversario de su nacimiento será siempre una ocasión propicia para abrevar en la vida de un ser digno de tenerse como padre de la patria.

El Nacional

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