Siete años después del terremoto que mató a más de 300 mil personas y dejó sin hogar a cerca de 1.5 millones de ciudadanos, Haití sigue sumido en la desolación económica, desamparo social, calamitoso escenario que también perjudica a República Dominicana en su rol de cirineo del vecino.
Los dominicanos padecen todavía la afectación colateral causada por ese cruento sismo en los ámbitos de la salud pública, migración, economía y medio ambiente, aunque la solidaridad ante Haití fue asumida con elevado sentido de compromiso por Gobierno y población.
Ese terremoto destruyó también gran parte de la precaria infraestructura vial de Haití, derribó o dañó severamente escuelas, puertos, aeropuertos, hospitales y otras instalaciones públicas, incluido su Palacio Presidencial.
El proceso de recuperación de Haití oscila entre la lentitud y la paralización, al punto que todavía miles de familias malviven dentro de carpas levantadas en plena capital, mientras las autoridades se afanan para contener enfermedades contagiosas o letales, como el cólera.
Como consecuencia de ese sismo, decenas de miles de haitianos indocumentados emigraron hacia República Dominicana, lo que incrementó la demanda de servicios básicos, especialmente de salud y maternidad, así como la degradación del empleo.
En vez de procurar un incremento de la ayuda o asistencia para acelerar el proceso de recuperación de Haití, el gobierno de Michel Martelly emprendió una campaña internacional de denuestos contra sus vecinos dominicanos, como forma de distraer a los haitianos de sus males mayores.
La elogiada solidaridad dominicana ante la desgracia acaecida en Haití hace siete años, fue respondida pos sus autoridades con el incremento de medidas restrictivas al comercio intrafronterizo y con pedido para que Santo Domingo fuera sancionado por Naciones Unidas, Unión Europea, OEA y Petrocaribe.
Haití estrenará un nuevo presidente que ha prometido mejorar las relaciones entre Santo Domingo y Puerto Príncipe, lo que abre las puertas que conducirían un provechoso periodo de entendimiento entre ambas naciones. Ojalá que así sea, aunque por experiencia se sabe que no se puede confiar en que los haitianos cumplirán sus promesas.

