El senador de la provincia Peravia, Wilton Guerrero, encabezó recientemente en Baní una marcha en la que participaron miles de personas, encontrando solidaridad con su lucha contra el narcotráfico en todos los barrios recorridos.
El legislador insistió en que todavía las dos comisiones no han presentado los informes sobre la matanza de Paya ni las denuncias hechas por él sobre complicidad de las autoridades policiales, del ministerio público y la DNCD. Abogó porque se presenten los pejes gordos involucrados en el caso y que aparezcan los millones de pesos y la droga que motivaron los crímenes.
La marcha de Guerrero se realiza apenas una semana después de haberse reunido con el presidente de la República, doctor Leonel Fernández, quien lo recibió, después que el legislador durara meses solicitando esa audiencia, junto a las autoridades policiales, del Ministerio Público y la DNCD a quienes justamente el senador acusa de connivencia con los narcotraficantes.
Se comprueba que al jefe de Estado no le interesaban los datos a revelar por Guerrero. Leonel sugirió desagravios y puso al acusador a darse un abrazo con los acusados, como si tratara de un simple asunto personal y no un problema que involucra delitos criminales, que debían llevarse a las últimas consecuencias, por la salud de la sociedad dominicana.
Al suscrito, sin embargo, no le sorprende la actitud del jefe de Estado, porque se ha caracterizado por estimular la impunidad y condenar a todo aquél que denuncia corrupción e irregularidades en la administración pública. El mejor ejemplo lo constituye Miguel Solano al empezar su primera gestión gubernamental en 1996, y después de ahí podría mencionar decenas de casos. Wilton Guerrero no está cancelado ahora mismo, porque se trata de un funcionario electo.
Además, Wilton debe saber que él no es santo de la devoción del presidente Fernández. El mandatario nunca le perdonaría al senador banilejo el haber apoyado a Danilo Medina en las primarias del partido y ser un hombre serio y con posiciones éticas muy propias.
Pero parece que Wilton no es ningún tonto. No cayó en el gancho que le puso Leonel, de poner amiguitos a esos muchachos, que todo se quede así y que venga el silencio total.
El silencio es, precisamente, el peor enemigo del senador, porque al pasar los meses y olvidarse el problema, los riesgos que corre son mayores.
La trama contra la integridad de Wilton posiblemente está diseñada hace meses y podría simularse un accidente de tránsito, un robo a su residencia, a su negocio o un sofisticado método de envenenamiento. El hecho es quitarlo del medio, porque, contrariamente, el narcotráfico perdería autoridad y temor ante la población.
Todo eso tiene que saberlo el senador mejor que el autor de este artículo, por lo que las circunstancias aconsejan continuar la lucha que inició, involucrar a la provincia Peravia y a los sectores más decentes del país en esta noble causa.
Y si le pasa algo, el único responsable sería el presidente de la República, por no tomar las medidas correspondientes en el delicado caso.
