JOS. Nigeria. AFP. Las tropas nigerianas patrullaban el martes las aldeas de la región de Jos (centro), en un ambiente de enorme tensión dos días después de la masacre de al menos 500 granjeros cristianos, muertos a machetazos y quemados vivos por ganaderos musulmanes.
Bajo una calma aparente, subyacía esa tensión en unos pueblos traumatizados que entierran desde el domingo a sus muertos. Muchas de las víctimas eran mujeres, algunas embarazadas, y niños de todas las edades.
«Vamos a vengarnos», murmuraba un joven durante un entierro el lunes en Dogo Nahawa, una de las tres aldeas atacadas. Y un periodista musulmán que cubría el funeral estuvo a punto de ser linchado.
Según una fuente militar, un soldado resultó muerto el lunes en Bukuru, a 20 km de Jos, cuando intentaba calmar a los jóvenes cristianos que planeaban represalias.
El ejército se desplegó en la región, que se encuentra en estado de alerta máxima desde el domingo por la noche por orden del presidente interino Goodluck Jonathan.
