Raúl Mondesí, exalcalde de San Cristóbal, acaba de ser condenado en primera instancia a 8 años de prisión por dolosos manejos administrativos durante su gestión. El principio de la personalidad de las penas, es decir, que cada quien responde por sus hechos, determina que si la sentencia llegase a adquirir autoridad de cosa definitiva e irrevocablemente juzgada, será el antiguo jugador de pelota quien deberá cumplir la condena.
Así lo determina el aspecto legal, pero su connotación política debe servirnos de aprendizaje a todos, de manera particular a quienes no asumen militancia política y se limitan a ejercer el voto en procesos electorales.
Si esa lección fuese asimilada, comprenderíamos que si bien es cierto que la ejecución de la pena recaerá sobre el condenado, estamos en presencia de un hecho que representa un baldón sobre el sistema de partidos políticos tradicionales del país y sobre un ejercicio político descaradamente oportunista de muchísimos de nuestros dirigentes.
La persona de quien se trata ha ido de tumbo en tumbo a lo largo y ancho del espectro político partidario mayoritario de la nación, en una simbiosis de beneficios recíprocos en función de coyunturas particulares tanto de interés para el saltador, como para los destinatarios de tales acrobacias.
Sus piruetas se iniciaron en el reformismo, donde el padre de la politiquería moderna y maestro reverenciado por todo lo que ha venido después, con la intuición que le sobraba y que suplía la visión que le faltaba, apreció al instante la catadura del personaje que le presentaban. Pero eso no importó, le convenía y lo usó, tal como han hecho líderes peledeistas y perredeistas que, necesitados de votos y de fondos, le han dado un espaldarazo con el único propósito de conquistar plazas políticas sin importarles la tragedia que su irresponsabilidad sin duda ocasionaría.
Con la desastrosa historia que este señor tejió en el deporte y su desordenada vida privada que era fuente de constantes escándalos en su ciudad natal, ¿qué hacía falta para descubrir su absoluta ineptitud para desempeñar funciones importantes siempre que se actúe con sentido de respeto por los electores?
Lo más detestable es que de aquí en adelante se manifestará lo peor de aquéllos que se cebaron de este tonto útil. Ya no los necesitan y él representa una oportunidad ideal para simular una falsa lucha contra la corrupción, incapaz de traspasar los reducidos linderos de un infeliz alcalde pueblerino.

