El caos que constituye el tránsito vehicular en la República Dominicana es la muestra más evidente del individualismo, el carácter agresivo y la falta de educación de los dominicanos. Todos queremos llegar al mismo tiempo y, ni siquiera, damos paso a niños escolares, ancianos y mujeres embarazadas.
En esa conducta irracional y salvaje sobresalen los chóferes de carros públicos, pero sobre todo aquellos de las denominadas guaguas voladoras, los que se llevan a todo el mundo por delante, no respetan a nadie, insultan a los policías de Amet y andan armados con cuchillos, machetes, tubos de hierro y armas de fuego (en algunos casos).
Uno de los aspectos que nos caracteriza es el incumplimiento de la hora. Son excepciones los que acuden justamente a la hora establecida para una reunión o cualquier otro evento, a tal punto que en reconocimiento a la irresponsabilidad se le llamar la hora dominicana.
En nuestro país escasean los técnicos responsables, sobre manera en materia de refrigeración, ebanistería, desabolladura y pintura y herrería, a los que hay que entregarles regularmente un buen porcentaje por adelantado de la tarifa acordada, porque nunca tienen dinero para los materiales y las posibilidades de incumplimiento son elevadas, creándose el escenario propicio para un problema.
La cultura de la irresponsabilidad luce ser ancestral, arrastrándose de generación en generación y tiene como causa fundamental la falta de educación inherente a los deberes y valores éticos, los cuales se obtienen en los centros escolares, pero principalmente en el núcleo social familiar.
El narcotráfico y la amplia brecha social son aspectos a valorar a la hora de analizar las causas de los altos niveles de violencia y criminalidad que tenemos hoy en la sociedad, pero en ese contexto no se puede soslayar la falta de educación. Somos un pueblo sin educación.
