Nada dura para siempre , dice el desaparecido cantautor Héctor Lavoe, en una de sus canciones. Y es que puede ser el gobierno y el líder político más poderoso y tarde o temprano tendrá su final. El doctor Leonel Fernández y el PLD han acumulado un poder político y económico no visto en muchos años, pero estamos en presencia del inicio de su final.
Nuestro país estuvo dominado por Haití durante 22 años, pero el 27 de febrero de 1844 se le puso punto final, a través de una correcta estrategia político militar registrada por jóvenes de clase media, encabezados por Juan Pablo Duarte.
Rafael Trujillo Molina gobernó durante 31 años. Fue una dictadura sangrienta que eliminó a sus adversarios, procurando control político absoluto, pero otra vez jóvenes de clase media se llenaron de valor el 30 de mayo de 1961 y dieron al traste con esa funesta etapa política.
Todas las epopeyas progresistas, llevadas a cabo en el país, han tenido la autoría y el concurso de jóvenes de clase media, como ocurrió con la gesta patriótica de abril de 1965. Las protestas pacíficas que realizan muchachos en distintos puntos de la geografía nacional, en contra de un agujero de 187 mil millones de pesos, corroboran esa tesis.
Esos jóvenes, que forman parte de la misma clase social que le dio triunfo a Leonel Fernández en el 2004 y en el 2008, descubrieron el engaño de que han sido objeto y de que las arcas nacionales fueron saqueadas por la corporación mafiosa que ha estado al frente del Estado durante los últimos años.
Esos jóvenes exhiben firmeza, pese a que algunos funcionarios ladrones y comentaristas pagados les llaman terroristas, frustrados, amargados y resentidos. También a los pocos dominicanos que se levantaron en contra de la Intervención norteamericana de 1916 se les calificó de gavilleros.
Son formas de descalificación moral. Recientemente reunieron a siete ancianos, que en algún momento participaron en causas nobles y ahora son simples vividores políticos, para denigrar a jóvenes moralmente limpios. El término delincuente es un exabrupto, producto de un desesperado sin escapatoria.

