Opinión

Sin esperanzas

Sin esperanzas

Con la juramentación de 4 gobernadores opositores por ante la Asamblea Constituyente de Maduro, la idea de que el bloque opositor en Venezuela constituye una alternativa creíble para los venezolanos se desmorona. La oposición política contra el chavismo en Venezuela ha vivido un desastre tras otro desde el inicio mismo del régimen de Chávez, y continúa con sus tropiezos en la era de Maduro, dejando al pueblo venezolano sin verdaderas alternativas y sin esperanzas de cambio en una situación desesperada.

El gobierno de Chávez y el de Maduro constantemente han cometido errores políticos (y de política) autoinfligidos que nunca han sido capitalizados adecuadamente por una oposición que carece de discurso o siquiera un norte. Las pocas victorias de la Mesa por la Unidad Democrática y sus anteriores iteraciones se han debido en gran medida a los males del chavismo y no a las virtudes de los opositores.

El más reciente de esos errores fue el permitir el golpe de Estado legislativo a través del nombramiento de una Asamblea Constituyente, no obstante tener abundante apoyo popular, las protestas callejeras, la crítica internacional contra el régimen de Maduro y defecciones de alto nivel en el propio gobierno.

Su incapacidad de capitalizar ese momento desilusionó a un país que lucía listo para iniciar el cambio; ahora con el desmoronamiento de la alianza opositora con la juramentación de gobernadores ante la Asamblea Constituyente que supuestamente desconocían, cualquier vestigio de credibilidad que tenían en su país, ciertamente quedará entredicho.

Es una verdadera pena la situación de los venezolanos que siguen sumidos en una de las crisis económicas más catastróficas que haya visto América Latina.

Lamentablemente para ese pueblo, el régimen chavista ha quemado las reservas de divisas de Venezuela al llevarlas de $43 mil millones de dólares en el 2009 a apenas $9.9 mil millones este año, y la cesación de pagos de la deuda del Estado parece ineludible para finales de este año o mediados del año que viene, lo que significa que increíblemente aún lo peor está por pasarle a esa vecina nación.

Con la virtual aniquilación de una salida política a la crisis de Venezuela, gracias en gran medida a la ineptitud de la oposición política al régimen, países como el nuestro deben empezar a prepararse para lo peor y tomar las medidas necesarias para acoger a lo que luce será una ineludible crisis de refugiados y un éxodo de venezolanos fuera de sus fronteras, mucho más grave que a lo que hemos visto hasta ahora.

Es posible que el eventual colapso de todo el Estado venezolano bajo el peso de su ineptitud económica sea el punto de quiebre para esta pesadilla de 18 años que han venido viviendo los venezolanos, pero eso difícilmente constituye una esperanza para un país donde cada día que se mantiene en este coma implicará años de esfuerzo para revertir el daño y lograr su eventual recuperación.

Es una pena que se permitiera llegar a este punto una situación totalmente predecible desde el día que Hugo Chávez puso un pie en el Palacio de Miraflores.

El Nacional

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