La sequía que desde hace meses afecta al territorio nacional se encuentra en su peor momento y su vaticinio en el corto plazo se define como catastrófico, lo que debería ya movilizar a Gobierno y sociedad en dirección a mitigar sus severos daños ambientales, económicos y humanos.
El Ministerio de Agricultura aconsejó a los productores de arroz no embarcarse en una eventual tercera cosecha debido a la carencia de agua, a causa de la cual han muerto más de mil reses, aunque el director del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indhri) afirma que la mayoría de esas muertes ha sido por hambre.
La Oficina Nacional de Meteorología (Onamet) pronostica que la carencia de lluvias en la Línea Noroeste, sur y suroeste se extenderá hasta finales de mayo, para cuando las consecuencias de la sequía podrían ser catastróficas, según advierten ambientalistas.
Tan grave es la situación que los embalses de las presas Monción, Taveras-Bao, Rincón y Sabana Yegua bordean ya lo los niveles críticos, lo que obliga a las autoridades del Indhri y a los acueductos locales a racionar aún más la distribución y suministro de agua para riego y consumo humano.
Es difícil creer, como ha señalado el director del Indrhi, Olgo Santana, que la producción agrícola no ha sido afectada por una sequía que el propio funcionario la define como la más catastrófica de los últimos 50 años, al punto que se prohibió todo tipo de siembra hasta el mes de mayo.
Duele saber que ante tan desolador escenario de crisis, la mayoría de la población mantiene el mal hábito de desperdiciar agua, a pesar del reiterado llamado de las autoridades a economizar el líquido, que en muchas partes escasea casi de manera total.
Ante dispendio de agua en improvisados lavaderos o en otros usos no prioritarios, se recibe como pertinente la advertencia de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), de que recurrirá al uso de la fuerza pública para evitar tan persistente irracionalidad.
Gobierno y ciudadanía deberían entender la gravedad de la situación y procurar aplicar todas las medidas que coadyuven al menos aliviar los efectos de tan prolongada sequía que ya se temen sean catastróficos y con la fe guardada de que llueva.

