Sobeida canta, pero desafina. Los cabos sueltos constituyen la nota discordante de una confesión que se ha prestado a las más variadas conjeturas. Sobeida Félix Morel había llegado a un arreglo con el fiscal del Distrito Nacional, Alejandro Moscoso, para declararse culpable de lavado de activos, inculpar a los demás procesados y no excederse en detalles sobre las operaciones de José David Figueroa Agosto.
Pese al traicionero subconsciente que la llevaron a algunas insinuaciones, la que cantó no parecía la Sobeida altiva y segura que había amenazado con declarar sin pelo en la lengua y a la que el fiscal Moscoso Segarra desautorizaría por la vida que había llevado y los delitos que cometería. Pero a la hora de la verdad fue otra Sobeida la que cantó, con el beneplácito de un Ministerio Público paradójicamente empeñado en evitar que en el juicio se citen nombres sonoros (funcionarios y oficiales) que se relacionaron con Figueroa Agosto. Porque entonces el expediente sería más voluminoso e incluso con repercusiones políticas. Se advierte que en las investigaciones las autoridades fueron muy selectivas al ni siquiera interrogar a gente que negoció o reclamó propiedades de Figueroa Agosto. En una red que movía tantos recursos no es verdad, y Sobeida lo dejó entrever, que la figura de más jerarquía podía ser un coronel de la Policía, que no puede comparecer poque está muerto. Por supuesto que el juicio apenas comienza y es mucho todavía el camino que queda por delante. Pero, como Figueroa Agosto es juzgado en Puerto Rico, hay que esperar lo que se hable por allá sobre sus operaciones aquí para establecer comparaciones con lo que digan los inculpados. Si no es que cae en una suerte de limbo, como ha ocurrido con el proceso contra el comerciante Quirino Ernesto Paulino Castillo. Porque también esa es otra posibilidad para dejar el proceso en suspenso.

