Opinión

Sobre la conducta de Guillermo Moreno

Sobre la conducta de Guillermo Moreno

En un país donde la profesión política facilita la vertiginosa acumulación de riquezas ilícitas con la contribución de la impunidad, no es para menos que el individuo de a pie desconfíe hasta del “santo de su devoción”. Guillermo Moreno fue víctima de la desconfianza de muchos que lo consideraron un personaje más de la calaña oportunista, soslayando los incrédulos que él salió del Partido de la Liberación Dominicana cuando este estaba en su amañado apogeo electoral.

Sin embargo, la decisión de archivar de manera definitiva la querella interpuesta contra el expresidente Leonel Fernández sólo contribuyó a aclarar las incertidumbres, y en consecuencia, a incrementar la popularidad del querellante. Y es que además de la valiente iniciativa de someter a quien parecía intocable, las declaraciones del presidente del movimiento Alianza País son más acertadas que “el carajo”, ya que no quedan en el vacío de siempre.

A diferencia de las politiqueras y caricaturescas imputaciones a las que nos tiene acostumbrados, por poner un ejemplo, el locuaz senador de Peravia, Wilton Guerrero, las del ex fiscal del Distrito tienen base y fundamento, y son tan precisas, que a los inculpados no les queda de otra que aceptarlas. Para confirmar la veracidad de mi comentario, no hay que ir muy lejos. La misma defensa del exmandatario descaradamente admitió que todo lo señalado por el doctor Moreno Fernández es cierto, pero que no es delito.

Es decir, todas las irregularidades delatadas en la inculpación son ciertas, pero el sistema jurídico no las tipifica, y, por ende, no las puede investigar, dejando así impune una operación monopólica y arribista como esta. Es lamentable que una acusación tan contundente se ahogue en las lagunas de nuestra obsoleta Carta Magna.

No obstante, considero que la conciencia moral del dominicano no tiene carencias ni fallas, y que, por lo tanto, entenderá las sanas intenciones de Guillermo, cuyo deber es mantener la pureza de sus convicciones y comprender que su éxito es relativo a su accionar; ¡Que no desmaye en la batalla!…

El Nacional

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