El ya fallecido promotor del arte popular Chino Estrella me dijo alguna vez en el Alto Manhattan, que siempre leía mis escritos porque yo era capaz de revelar mis errores y debilidades.
En la ocasión, le dije que realmente no me consideraba un periodista convencional; es más, que si partía del “código” a la usanza de los colegas de esta época, no me consideraba del todo un profesional de la comunicación, sino un decidor de cosas.
Partiendo de esta consideración, aunque no soy una estrella de periodista, podría ser mejor o peor que otros, pero nunca igual. No me interesa ser notable, si para lograrlo, debo exhibir actitudes “histriónicas” que no poseo; pero me siento bien diciendo lo que digo.
Pero, además, ampliando sobre los detalles que debí haber elaborado para complacer a Chino Estrella, admito lo que dijo alguna vez una celebridad: “el hombre es lo que hacen de él”. Yo agrego: “el que así no lo reconoce, es un inconsciente”.
Como de alguna forma estoy de acuerdo con intelectuales y ensayistas derrotistas de otros tiempos, sostengo el criterio de que el origen de la naturaleza de muchos dominicanos, incluyendo a la mayoría de funcionarios, es retorcida y perversa.
Esta posición, sobre las que tengo mis reservas, sobrepasa cualquier ideología de izquierda. Esto, porque hace mucho hube de comprobar que muchos de los seguidores de Marx y Engels y otros, en no pocas ocasiones, coinciden, en la práctica, con recalcitrantes y derechistas.
Por: Fernando A. De León fernando26.deleon@yahoo.com

