Las últimas tragedias ocurridas en el tránsito han sacado a relucir otra realidad amarga: las precariedades con que trabajan los socorristas. La falta de equipos dificulta la labor y aumenta el riesgo de morir de sobrevivientes en las colisiones. Se cita el caso de un conductor identificado como Sandy Betemit, quien permaneció más de cinco horas atrapado en un vehículo que se deslizó por el puente La China, de Altamira.
Los socorristas solo tienen fuerza de voluntad y vocación de servicio, pero no equipo para cumplir con una labor humana y en ocasiones arriesgada.
También se cita el caso de una señora embarazada y su hija que murieron calcinadas al incendiarse la yipeta en la carretera de Santiago Rodríguez la yipeta en que viajaban.
Los rescatistas, encabezados por el cuerpo de bomberos, pudieron rescatar los cadáveres cuatro horas después del suceso. Los accidentes de tráfico son para que se piense en la prevención, a través de medidas eficaces, pero también en el equipamiento de los grupos rescatistas, que trabajan prácticamente a manos limpias.

