No importa el nombre, las características son las mismas, hombre despechado, abandonado, ejecuta a su ex mujer.
Porque el egoísmo no le permitió asimilar el rechazo, el abandono. Todos coinciden en el perfil: Abusadores.
El sábado a la mañana la violencia del macho cabrío cobro una nueva victima: le decían prieta 26 años, dos niñitos, y una familia devastada clamando justicia.
Y la escena se repite día tras día.
Golpes, violencia verbal y física, la mujer se atreve, corta con la sumisión, con la dependencia, con la espiral de violencia, ¡vete! le dice y el se va, pero se queda, la ronda la cerca, la llama le insiste, le ruega, le implora, amenaza, acosa y La Mata y se mata, o huye y se burla del dolor del sufrimiento sembrado.
Y así seguimos, así vamos, hoy un nombre, mañana otro. La escena sigue siendo la misma, sangre, un cuerpo, dos cuerpos, niños huérfanos, y una historia precedente: Una mujer que se atreve, y un animal que arremete.
Magnolia Soto se llamaba, y hoy es sólo un número más en las crónicas policiales

