Ante todo, voy a felicitar a nuestro presidente, jefe de la política exterior dominicana, por su tesonero y eficiente trabajo representando a Latinoamérica, relacionado con el golpe de Estado en Honduras, tomando en cuenta que el jueves hubo discusiones largas en Washington con representantes calificados, hasta culminar las partes en un acuerdo, para que el Congreso decida reponer a Zelaya con un gobierno de distintos sectores, compartido, entregando dicho gobierno a quien resulte elegido en las elecciones de fin de año, sin la intervención como candidatos del Zelaya ni de Roberto Micheletti.
Estas felicitaciones las creo justas, porque deja experiencia útil para la comunidad internacional, la cual se puso en evidencia sustantiva, para una serie de logros indispensables, para que los organismos multilaterales funcionen no sólo para consensuar, sino para actuar más rápido con acciones decisorias.
Hay que suponer lo que pensaría el informado presidente con este golpe en pleno siglo XXI.
En más en una ocasión llegó a decir que los Estados Unidos podían influir, y además, el presidente Obama estaba de acuerdo con que se resolviera aquel problema de Honduras, y el propio Zelaya siempre dijo que Obama no había intervenido en dicho golpe. Pero se sospechaba que intereses norteamericanos ultraderechistas estaban detrás, con el pretexto de que Zelaya pertenecía al grupo del presidente Venezolano Hugo Chávez. Siempre los intereses.
El acuerdo que acaban de lograr las dos partes apoderando el Congreso de Honduras, nos autoriza a comenzar a celebrar, porque se va a reparar una grieta para el porvenir del proceso democrático mundial, que ya habían enterrado los gobiernos que se imponían con ametralladoras, por la parte trasera de los pueblos, dejando por demás recuerdos hirientes a la dignidad democrática, denunciándose fortunas a nombre de testaferros y gobiernos que van al poder a robarse los recursos sagrados de los contribuyentes en países.
Ha resultado muy significativa la intervención de Brasil y su gobierno dándole protección y asilo diplomático a Zelaya.
Fue también importante el trabajo de la OEA y ONU, con sus limitaciones y esperamos que se cumplan las condiciones que se acordaron en la histórica solución del acuerdo.
Los dominicanos todavía sufrimos el golpe de Estado del primer gobierno democrático que tuvimos, presidido por don Juan Bosch, donde todavía sangran heridas de ese despropósito, que después trajo una revolución que dejó miles de heridos e inutilizados y miles de muertos.
