Eduardo, que fue siempre un caballero,
fue el primero en partir, un claro día…
Fue para todo el mundo un compañero,
derramando su diplomacia y cortesía.
Más tarde fue Fernando, el exquisito
y ejemplar gustador del buen tabaco…
el que hizo de ese afán un noble rito,
husmeando su olor cual nuevo Baco.
Hoy fue Guillermo, el perspicaz amigo…
El que dio siempre el brazo como abrigo,
y el que sembró siempre amor y devoción.
Tres hermanos, -¡qué pena!,- ya murieron…
Mas, sus límpidas huellas imprimieron
¡una imborrable huella en los León
Ramón Lorenzo Perelló
Worcester, MA, USA.
