La Ley americana propuesta para detener la piratería en línea, el cierre de Megaupload, y la solicitud en extradición del dueño de la página TVShack.com, se suman a la lista de acciones contra ese mal impulsadas por los gremios de productores de música y películas, en defensa de los derechos de autor. La masificación del intercambio ilegal de archivos pone en evidencia un desfase en las leyes llamadas a proteger la propiedad intelectual y en la misma industria del entretenimiento, que, en vez de tratar de imponer leyes draconianas en perjuicio de los usuarios de la Internet, pudieran beneficiarse de observar un viejo referente, la industria de la pornografía.
Una ley violada diariamente por centenares de millones de personas en todo el mundo no es evidencia de que existen mil millones de criminales recurrentes, sino de que es una ley sin sentido. Y aún sin la famosa SOPA, la mayoría de las leyes que hoy protegen el derecho de autor hacen de casi todos los que posean un computador o teléfono inteligente, unos criminales insufribles.
Pero esto no implica que los autores y productores de obras deban renunciar al derecho de lucrar por su trabajo. Es ese derecho la esencia que impulsa la innovación y el proceso creativo, y los consumidores, legales o no, desean seguir recibiendo el resultado de ello. Lo que quizás se deba reevaluar es el negocio de la música, el cine y la televisión que, estancados en su versión de los 40, no lucen efectivos ni para proteger los derechos de sus autores ni para rendir resultados económicos satisfactorios hoy. Éstos, en cambio, podrían tomar notas de la pornografía.
El valor económico de la pornografía es difícil de determinar, debido a la informalidad y a la fragmentación de proveedores. Sin embargo, el último estudio creíble reveló que el total de ganancias generadas por ésta excede a las de las grandes empresas tecnológicas, incluyendo Apple, Google, Microsoft y Yahoo. De esa renta, casi un 30% corresponde a negocios por internet. Esto es casi tres veces lo generado por la música y el cine en el 2010, a pesar de la piratería, que en el total de la industria provoca solo daños marginales.
La pornografía, contrario al cine y la música, aprovechó de forma mucho más agresiva la masificación de Internet. Mientras estos últimos usaron ese medio solo para publicidad, el porno lo moldeó además para vender, generar material y seguir vendiendo. Pero además, la pornografía avanzó los medios de pago en línea, impulsó los programas de reproducción de imágenes y vídeo online, y ha sido motor de estructuras de negocios a través de la Internet. El cine y la música, más centralizados en un puñado de empresas, nunca hicieron esfuerzo serio por capitalizar las ventajas de la red, y, aún con los impresionantes resultados de iTunes y Netflix, no lucen interesados.
La aplicación de leyes más drásticas no va a eliminar lo irreversible, y solo serviría para seguirle ganando enemigos a la industria del entretenimiento. El negocio debe cambiar, y pronto, ya que. aunque formas de obtener ganancias del cine, la televisión y la música, siempre van a existir, los que fungen como cabezas de industria, en su empeño de preservar un modelo que no funciona, hace más daño a sus bolsillos y a los derechos de los autores que alegan defender.

