Mayor General, E.N. (DEM)
Los Amigos suelen abandonarnos
a la hora de la desgracia;
los enemigos nos siguen
hasta la muerte.
Conde de Romanones.-
El pasar de la vida, esa eterna largura en una carretera tumultuosa que en ocasiones llega a cumbres placenteras y en otras es sólo un camino zigzagueante, por un valle de tristezas, dolores y pesadumbres, que como enemigo enconado, fustiga al ser humano desde la cuna al sepulcro.
Lasitud que se prolonga en medio de un laxismo que ahoga. Cuanto cuesta sobrevivir este poco tiempo que te da la vida sin llegar a determinar como diablos sobrevives a tanta podredumbre y, la incertidumbre cierta de pensar, entre dudas, recelos y engaños, donde carajos irá a parar todo lo que permites y todo aquello que desprenden de ti. ¡Carajo!, la enorme interrogante, después de todo esto, ¿qué quedara de mí?.
Jeremy Bentlam expresó muy bien, que la envidia y los celos no son vicios ni virtudes, sino penas. Y pena es lo que produce ese nefasto accionar de espalderos, payasos y corruptos por un lado, y, los criminales, lobos vestidos de caperucita que entre engaños y engaños, como si fuesen magos, cambian su ropaje y se presentan a los ojos de muchos como simples victimas, cuando sólo cosechan el fruto de su accionar corrupto y criminal llevado a cabo por un largo tiempo.
Sólo me duele la preocupación de mis amigos muy pocos por cierto-, por ser conocedores del peligro que representan estas alimañas y peor aún, pensar que no hay un Chapulín Colorado a quien llamar, porque aunque los envidiosos mueran, la envidia es inmortal, como bien dijo Moliére.
Estos malandrines, sabandijas, que de humanos sólo tienen la forma del cuerpo y el habla, desarrollan su vida todo el tiempo en la cuerda floja, ejecutando todo lo malo que la mente pueda imaginar, disfrazando su accionar como bueno, y llegada la hora de la triste realidad, la hora de rendir cuentas a la sociedad, cuando ya ni siquiera tienen libertad para desplazarse de un lugar a otro y hasta de un territorio a otro, es entonces cuando sus instintos criminales los traicionan, queriendo culpar a otros de los frutos que cosechan, olvidando ese viejo refrán popular de que cada uno es responsable de lo que le sucede y tiene el poder de decidir lo que quiere ser. Lo que eres hoy es el resultado de tus acciones y elecciones en el pasado. Lo que seas mañana será consecuencia de tus actos de hoy. Esto es lo que muchos llaman destino.
Quizás, escribir en estas tardes inútiles, sólo sea con la esperanza de poder volver a observar la recelosa claridad que trae un nuevo amanecer, porque cada día que puedo respirar es una tortura para los malvados enraizados en el fango de la traición y las acciones criminales, mientras mis esperanzas se consumen como un lento y triste atardecer de un verano cualquiera.
El ser intransigente con el cumplimiento del deber acarrea satisfacciones personales, en su inmensa mayoría, enmarcados en lo moral, en lo ético y la eficiencia profesional pero, del mismo modo y quizás en mayor intensidad, trae consigo desengaños, malquerencias, frustraciones, dolores y peligros personales que no muchos tienen la entereza de enfrentar y soportar en silencio el peligro consciente que proviene de aquellos que son afectados en sus maquinaciones corruptas y son desconocedores que la moral es la higiene del alma.
Muy a pesar de esto, sin solicitarle ni rogarle a nadie unas excusas fingidas por este accionar, creo con firmeza en los postulados de Juan Pablo Duarte, aún en medio de este ambiente maloliente, ruin y lleno de falsías, donde lo diré mil veces-, la oratoria de muchos es una cosa, mientras su accionar es otro. Como aquellos que claman a Duarte, mientras en la práctica como alguien expresó-, brillan por su ausencia los atributos de la decencia, la dignidad y la seriedad que deben adornar a los grandes y nobles líderes. Vergüenza y pena es lo que producen.
Mientras esto sucede, Trabajemos, trabajemos sin descansar, no hay que perder la fe en Dios, en la justicia de nuestra causa y en nuestros propios brazos. Como al igual que cualquiera, tampoco pido excusas por hablar en primera persona y hago uso de los imprescriptibles derechos de la imaginación para defenderme y defender hasta siempre lo que creo y con aquellos principios que comulgo y digo, además, que la guerra y la paz es aquí, en este terruño donde se llevan a cabo, unos armados de inquinas, mala fe, traiciones y otros, sólo con las armas invencibles de los principios morales y la verdad sin doblez, aunque en esto se vaya la vida.
Las cosas de Dios, después de esta vida, soy participe de que a él se le deje, pero, todo aquello que tiene relación con lo que aquí y ahora se haga, aquí y en ese ahora relativo, tiene que pagarse. Esa es mi creencia, que las deudas, abusos, intenciones malsanas, difamaciones y toda clase de acciones criminales, llevadas a cabo por estos fariseos, aquí es que la tienen y van a pagar. ¿Agresivo?, ¡No!, es más, ni siquiera lo he pensado, pero
De los grandes escritores hemos aprendido, que entre los mortales todo tiene el valor de lo irrecuperable y que la muerte o su alusión hacen preciosos y patéticos a los hombres, que en el argot popular, diríamos, que no es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar. Estos personeros, para quien la meta de la vida no es una y la misma siempre, que su comportamiento está sujeto a intereses espurios, les es difícil comprender que hay otra clase de hombres para los cuales, cada acto o acción y cada pensamiento, es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron y que otros tantos lo harán en el futuro hasta el vértigo, hasta la misma tumba, como Duarte, Luperón y otros tantos, cuyas obras y pensamientos no han perecido ni perecerán con el tiempo.
De esos y por esos ecos vivo, dándome cuando la necesito- esa alegría a la que hacía referencia Marco Aurelio, esa que se encuentra en los méritos de los que me rodean, pues nada contenta tanto como los ejemplos de las virtudes que aparecen en el carácter de los que viven con uno, aunque sea en lo espiritual. Así de simple. ¡Si señor!.-
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