Cuatro partidos son una muestra muy pequeña para llegar a conclusiones definitivas, pero las primeras señales indican que el tercer turno en el orden de bateo podría arrojar un balance negativo en el desempeño de Starlin Castro, el torpedero de los Cachorros.
El dirigente Mike Quade, quien había mostrado renuencia en el entrenamiento primaveral a colocar a Castro en el primer turno de la alineación bajo la premisa de que eso sería demasiada presión para el jugador dominicano de segundo año, ahora ha puesto sobre sus hombros una carga muy difícil de acarrear.
Castro, quien a los 21 años es el jugador más joven en las Grandes Ligas, probó que su piloto estaba equivocado en su idea original al batear 23 hits en 46 turnos para un promedio de .500 como el primer bateador del episodio inicial.
Y tal parece que Quade se imaginó que Castro sería capaz de cosas mayores. Y que batear de primero es lo mismo que de tercero, el puesto y responsabilidad que siempre se reserva al bateador más completo de un equipo de béisbol.
Pero una cosa es con violín y otra con guitarra.
Castro entró al partido del domingo con un promedio ofensivo de .393 y desde entonces se ha ido en blanco en 9 turnos como tercero en la alineación. En cuatro partidos en los que ha sido colocado este año en el tercer hueco ha pegado 2 hits en 17 para marca de .118.
El nativo de Montecristi es el segundo jugador con más hits (35) en la Liga Nacional y desde la brecha del Juego de Estrellas sus 121 imparables sólo son superados por Ichiro Suzuki en las Grandes Ligas.
No hay dudas sobre su talento ofensivo, pero el puesto de tercer bate no es para un jugador con 1 jonrón en 98 turnos al bate.
El piloto Quade está errado en el manejo de esa nave.

