Siempre hemos escuchado hablar de táctica y estrategia. Tanto la una como la otra, son muy comunes por los predios militares, políticos y empresariales.
La táctica no es más que el objetivo específico a conseguir previamente decidido por la estrategia. La misma puede cambiar de acuerdo a las circunstancias cuantas veces sea necesario; sin embargo, la estrategia no.
De manera que el trabajo fundamental de los estrategas siempre será el de llevar a cabo la ejecución de cuantas tácticas sean necesarias en aras de la obtención del fin deseado: la derrota del adversario.
Lo que intentamos dejar claramente establecido es que las tácticas correctas son todas las batallas ganadas sabiamente por los estrategas inteligentes.
Y resulta que la aplicación de una buena táctica en medio de la guerra no se consigue con simplemente correr, lanzar insultos, dar golpes bajos, hacerle creer al contrario que una supuesta fortaleza le dará el triunfo como si fuese por arte de magia, y que lleva ventaja porque salió primero a la arena.
El asunto es mucho más complejo. De lo que se trata es de educación, de excelentes técnicas, de dedicación, agilidad y prudencia. De pensar en frío, de calcular cada paso para no cometer errores, de inteligencia y de paciencia, de sabiduría y propuestas concretas. De saber entonar y llevar el ritmo a un nivel superior.
De ahí la importancia suprema que han de tener los estrategas de campaña política para que su producto (hombre-candidato) resulte de la preferencia de los consumidores (masas-votantes). Ello así, porque no todos los estrategas están realmente preparados para saber aplicar una táctica correcta cuando su producto (candidato) viene mostrando una evidente caída. A veces se desesperan, y la desesperación los lleva a tomar el arma más repudiable: la campaña sucia.
Está debidamente comprobado que todo movimiento táctico, cuando no se respetan las reglas del juego, y por tal razón es forzado en contra de las leyes de la gravedad, acaba convirtiéndose en un bumerán que al menor descuido puede volver al punto de partida. O sea que la utilización de las malas tácticas en lugar de favorecer se convierte en una retranca para la victoria.
Y ante todo lo dicho, parece que eso es lo que le está sucediendo al candidato de los blancos y a sus estrategas del PPH. Definitivamente que el licenciado Danilo Medina y su equipo de estrategas han sabido sacar provecho a las tácticas.

