Semana

También los apodos tienen sus reglas

También los apodos tienen sus reglas

El director de este periódico se llama Radhamés y así  lo ha  escrito siempre. Salvo una forzosa  excepción. Trabajaba en El Caribe por  los años  cincuenta cuando  recibió una llamada. “Usted escribe mal su nombre, es Rhadamés (h después  de la R) y no Radhamés (con h después de la d)”. El periodista trató de aclarar, pero  la voz en el teléfono le dijo “Mi hijo se llama Rhadamés, el nombre se escribe así”.

Era  el “académico”  Rafael L. Trujillo quien hablaba y Radhamés pasó a llamarse Rhadamés. Claro, hasta un día. La ignorancia  determina  modalidades ortográficas en los nombres de personas.  Pero la lengua  presenta  como  modelos las formas recogidas por la tradición: Álvaro, Benedicto, Gabriel (no Grabiel), Ignacio, Hortensia, Eduviges, Baltasar, Eustaquio, Heriberto.

Algunos nombres  presentan variantes, tales como  Genaro (Jenaro), Elena (Helena) Gerónimo (Jerónimo). Hemos de aceptar el de cada cual como  indica la persona que lleva el nombre.

Hipocorísticos

Son nombres afectivos. Cuando se derivan de un  nombre  de la tradición hispana,  el nuevo sigue las reglas de nuestro idioma. Así los que terminan en  el sonido /i/  se escriben con   -i latina y no con /y/ como predomina una tendencia entre los dominicanos.

Por ejemplo: Conchi (de Consuelo), Fonchi (Alfonso) Mari ( de Marisela) , Trini ( de Trinidad) ,  Nati (de Natividad), Javi ( Javier) y Tati (de Altagracia). ¿Qué razón hay para escribir estos nombres con –y? Sólo nuestro complejo de inferioridad frente al inglés.

Por igual los hipocorísticos se someten a la regla de  escribir  /m/ delante de p y b. Se escribirá: Juamba  (de Juan Bautista), Juampe (de Juan Pedro), pero Juanjo (de Juan José) y Juanri ( de Juan Ricardo).

Los apodos deben acentuarse  de acuerdo a la estructura  y sonido de la palabra, independientemente de  cómo suceda en el nombre original.  Así tenemos: Loló, Lulú, Tití, Mimí,  Fefé, Memé, Pipí, Marilú, Marijosé. Todas palabras agudas terminadas en vocal y por tanto llevan tilde. Pero no llevan tilde: Tati, Tito,  Mima, Tina, Pepe, Paco, Lola, Quico, Cuco.

A propósito de Cuco,  la naturaleza de nuestra lengua  reclama que se escriba con /c/ en ambas sílabas.  Sobre todo cuando se usa para referirse  al espíritu fantástico  con el que  se ha asustado a los niños.  Si a un cantante  de merengue lo llaman así  -por un prejuicio racial-  con la intención de decirle feo, lógico es que lo llamen Cuco o Cuquito  y no Kuko o Kukito.  El español no soporta la k en medio de palabra. Pero…si él lo acepta.

Abundan entre nosotros los apodos derivados de nombres ingleses y en ellos se justifica la terminación /y/  como son los casos de: Johnny, Danny, Eddy, July. 

Seguimos el domingo con la ortografía de los apellidos.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación