Los bancos hoy en día lucen más como empresas de tecnología que la banca aburrida que conocemos desde hace centenios, las empresas de tecnología hoy buscan competir con los bancos en su propio negocio, los productores de vehículos hoy se comportan como productores de dispositivos tecnológicos y los productores de dispositivos tecnológicos están buscando competir directamente con los fabricantes de vehículos.
En estos cambios dramáticos en las industrias más importantes de las economías los principales ganadores serán siempre los consumidores, pero necesariamente esto debe llevarnos a reconsiderar los marcos regulatorios y como vemos los empleos del futuro.
El nombre del juego hoy en día es “tecnologías disruptivas” y ningún mercado está exento de ellas en un mundo que está disfrutando de un acelerado desarrollo tecnológico cuyos avances se vienen dando en pasos agigantados cada año. Todas las industrias están siendo atacadas en sus cimientos por estos avances, quizás con mucha mayor velocidad de lo que reguladores y el mismo mercado laboral van a poder adaptarse.
Ningún actor económico puede encontrar satisfacción en la frase “así es como se ha hecho siempre” ante la dura realidad de que las ganancias las están obteniendo los que están virando las convenciones sobre sus pies.
Ni siquiera las profesiones liberales se pueden dar el lujo de permanecer inmóviles ante lo que pudiera ser su eventual obsolescencia, en particular en mercados donde las brechas materiales pueden ser rápidamente cubiertas con soluciones tecnológicas.
No se trata de una erradicación del trabajo, sino en un cambio dramático de como visualizamos el trabajo. También implica repensar la forma de hacer negocios y como las empresas definen sus objetivos antes la necesidad imperante de permanecer competitivas.
La abrumante realidad a la que todos debemos darle frente es que el mundo está cambiando rápido y en formas menos predecibles a épocas anteriores, nuestras visiones anteriores de plazos y planificación de metas en el curso del tiempo han cambiado y debemos aprender a cambiar junto a estas.
Los peor parados en este nuevo escenario son, por supuesto, los reguladores que en el mejor de los casos marchan a paso de tortuga a años luz de distancia de los mercados que pretenden regular, y en el peor de los casos son la traba en el medio de ese progreso, lo que debe llevarles a replantear su rol y la forma en que lo ejecuta.
Lo bueno de todo esto, es que al final de la historia los más beneficiados somos los consumidores, que somos todos, y podemos ver el futuro que se avecina altamente excitado

