¿Qué Pasa?

Telemundo y Univisión cuando el chisme reemplazó al pensamiento crítico

Telemundo y Univisión cuando el chisme reemplazó al pensamiento crítico

Hubo un tiempo en que Telemundo y Univisión eran referentes. No perfectos, pero necesarios.

Eran ventanas culturales, espacios de información y, en ocasiones, de debate para millones de hispanos en Estados Unidos.

Hoy, esas ventanas parecen cubiertas por una cortina de chismes, gritos, escándalos prefabricados y una farándula sin alma ni cerebro.

La decadencia no es una percepción nostálgica, es una realidad palpable para cualquier televidente mínimamente exigente.

La programación actual de ambas cadenas parece partir de la premisa condescendiente de  que el público hispano solo quiere chisme, conflicto y banalidad.

Venden la idea de que el público hispano no piensa, no cuestiona y no busca contenido que lo rete intelectual o culturalmente.

Programas que se autodenominan “de entretenimiento” han mutado en tribunales de rumorología, donde la vida privada de celebridades se disecciona sin contexto, sin análisis y sin el menor aporte cultural.

No se reflexiona sobre el fenómeno mediático, no se explica, no se interpreta, dando la impresión de que no es entretenimiento, es relleno. La farándula no es el problema en sí. El problema es su uso como muleta editorial. Cuando toda una parrilla de programación se sostiene sobre el chisme, queda claro que hay un vacío creativo y una renuncia deliberada a pensar. Telemundo y Univisión han optado por el camino más fácil, que es producir contenido barato, rápido y ruidoso, confiando en que el escándalo momentáneo sustituya la falta de ideas. El resultado es una televisión que envejece mal y rápido.

Mientras las cadenas siguen discutiendo romances ajenos y peleas irrelevantes, el público hispano, especialmente el más joven y educado, ya migró.

Está en las plataformas digitales, en los documentales, en los podcasts, en los creadores independientes que hablan de cultura, historia, tecnología, cine, identidad y pensamiento crítico.

Netflix, YouTube, Spotify y otras plataformas entendieron que hay una audiencia hispana que quiere contenido inteligente, diverso, positivo y que la haga pensar. Una audiencia que no quiere que la subestimen.

El público hispano no abandona la televisión porque dejó de interesarse por el contenido en español, la abandona porque dejó de encontrar allí algo que valiera la pena mirar, pensar y recordar.

Talento

 Estas cadenas no carecen de talento ni de presupuesto, pero dejaron de arriesgar, de innovar, de incomodar, porque prefirieron el rating inmediato al impacto cultural duradero.

 En vez de formar criterio, lo diluyeron. En vez de elevar la conversación, la banalizaron.

 Telemundo y Univisión no están perdiendo espectadores, están perdiendo relevancia. Y en la era digital, la irrelevancia es una sentencia mucho más dura que la baja audiencia.