Actualidad

Tengo miedo… a la rabia

Tengo miedo… a la rabia

(Fundador y exdirector del Centro Antirrábico Nacional)

No por mí, sino por los ciento de carajitos de Los Guandules, los de Los Mina, las gentes humildes de Villa Duarte y todo un pueblo desprotegido que son los más susceptibles, y esperan la explosión de la rabia.

Normalmente las epidemias en el mundo se hacen cíclicas, y los brotes subsecuentes suelen ser más agresivos y peligrosos que los primeros. Cuando en 1976 se organizaron los controles de rabia en el país por vez primera lo hicimos en nuestra condición de encargado de zoonosis de la Secretaría de Estado de Salud Pública, apremiados por un enorme brote de rabia que se manifestaba en más de 400 casos de rabia animal y normalmente teníamos de 8 a 11 casos de rabia en humanos todos los años.

Esto nos llevó a proponer una unidad técnico-administrativa conocida como Centro Antirrábico Nacional, con la finalidad de organizar, desde allí, un programa nacional de control de rabia. Esta propuesta fue acogida con disposición y presteza tanto por el presidente de turno como por el secretario de Estado de Salud quienes dieron su apoyo irrestricto e inmediato.

Concomitantemente con ello se organizó en el laboratorio de la Dirección General de Ganadería la producción de vacunas antirrábicas de uso humano y veterinario del tipo Fuenzalida-Palacio; para asegurar los programas de vacunación a nivel nacional sin tener que depender de la importación de biológicos que se encarecían con el cambio de moneda que había que hacer para su adquisición, entrenándose personal para ello.

Se trajo al país para enfrentar estos brotes a todo técnico que pudimos localizar en el momento, apoyados por la buena disposición y colaboración de la Oficina Panamericana de la Salud (OPS/OMS) a fin de asegurarnos un trabajo acorde con la gravedad del problema con el que estábamos lidiando.

Se aprovechó que la Secretaría de Estado de Salud Pública, tenía un grupo de asistentes conocidos como TCS (trabajadores comunitarios de Salud que rondaban, en número, los 12,000 a 14,000 voluntarios (estudiantes la mayoría, que ganaban puntos en sus calificaciones universitarias por su trabajo comunitario) para organizar los grupos de trabajo en las vacunaciones regionales. Se pidió a las  Fuerzas Armadas y se asignaron unos 30 militares que ayudaron también a la vacunación de perros y gatos a nivel nacional.

Como nuestro país estaba dividido, en el ámbito de salud pública, en siete regiones sanitarias, previamente a las vacunaciones regionales, se impartían cursos de actualización de rabia para todo el personal que se involucraría en los mismos (médicos humanos, médicos veterinarios, enfermeras, paramédicos, supervisores y los TCS).

Se proyectaba la vacunación por región sanitaria, tomando en cuenta la población humana de la misma, con lo cual trazábamos las metas de vacunación por regiones, tomando en cuenta que la población de perros es normalmente en América Latina 1 a 10 con relación a la humana (1 perro por cada 10 habitantes). Nuestra meta tenía que alcanzar el 70% de animales por región sanitaria.

Ya para 1982 (seis años después) tras un proceso de vacunación año por año, alcanzamos a reducir los casos de rabia animal de 400 a solo 9, y la rabia humana había desaparecido durante 2 ó 3 años seguidos.

Habíamos construido una barra inmunológica en los perros y los gatos y la rabia silvestre no podía llegar a la población humana, que eran las metas deseadas. Se vacunaban animales para proteger a los humanos.

Es a partir de 1994 que se dejan caer estos programas de vacunación de perros y gatos, y finalmente ha caído en receso el programa de control de rabia, ¿y que ha sucedido? Que la barrera inmunológica que se había creado a través de los perros vacunados por años ha desaparecido completamente. Todos los animales de aquella época han muerto y lo que hay hoy es una nueva población de animales sin ninguna protección inmunológica. Cabe destacar, que la vacuna antirrábica solo protege al perro o a las personas vacunada s por un período de poco más de un año.

Hoy día el cuadro que se nos presenta es mucho más grave que antes, para tener una idea del que acontece podemos decir con propiedad, que salvo en una parte del área de Santiago, se pueden encontrar casos de rabia animal en todo el resto del territorio nacional, y en las ciudades, los barrios están abarrotados de casos de rabia en perros que pululan sin ningún control.

Se han registrado en lo que va de año más de 500 casos de rabia animal y 2 casos de rabia humana. Al laboratorio de diagnóstico están llegando un 80% de muestras de animales alrededor de la aparición de un caso) y vacunando a toda persona expuesta. Existen de hecho dos temores, primero, que se escapen personas expuestas y no se les vacune y lo peor es que el aumento considerable de casos rebose la capacidad de respuesta del personal responsable en los centros de salud.

Podría decirse hoy día que se está tratando de controlar la rabia vacunando personas, lo cual es a nuestro modo de ver, una incongruencia y una insensatez. Como también es una incongruencia y una insensatez el que teniendo el país los biológicos necesarios y la infraestructura de control, se haya paralizado en perjuicio de la población un programa contra una enfermedad de tanto peligro como es la rabia.

Agregue usted al final, que dejemos morir de rabia a dos turistas para que esta industria, soporte del país, desaparezca por los riesgos y la irresponsabilidad de las autoridades.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación