¿Qué Pasa?

Testigo

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Hay artistas que marcan la vida de los seres humanos.

Con la muerte, el pasado miércoles del actor mexicano Julio Alemán hay una generación que de seguro siente que se le fue alguien cercano.

Recuerdo la primera vez que vi su rostro en la pantalla chica cuando al lado de uno de los personajes infantiles más populares de los años 70 apareció como el padre del  Topo Gigio, que en realidad era un ratón. El programa estaba basado en el personaje concebido por la titiritera italiana Maria Perego en 1958.

Quizás este fue el papel que lo inmortalizó para la generación de los años 70, convirtiéndose en el arranque de una carrera exitosa que no le dio respiro hasta su muerte.

Cuando la fama lo capturó Julio Alemán se convirtió en el galán de moda de las telenovelas mexicanas, las cuales monopolizaban entonces la teleaudiencia de Latinoamérica.

El éxito en las telenovelas lo obligó a retirarse del show de El Topo Gigio, dando paso a otros “Papás” del famoso ratón, como Raúl Astor, Braulio Castillo y otros.

Julio Alemán murió de cáncer de pulmón. Siempre fumó, dos cigarrillos por día, dijo el día en que reunió a la prensa en su casa para informales del diagnóstico médico.

Con la partida de Alemán se va uno de los grandes actores de una generación que marcó una época trascedente de las telenovelas mexicanas en Latinoamérica, España, Italia, China y Japón, países estos últimos donde penetraron con gran fuerza.

Braulio Castillo, Enrique Lizalde, Jorge Lavat, fallecido el año pasado, Pedro Armendáriz,  Ignacio López Tarso, Ricardo Blume y otros tantos, formaron y forman parte de la historia personal de mucha gente que se veía retratada en esos personajes que cada uno interpretó.

El Nacional

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