Si piensas que eres demasiado pequeño para causar impacto, intenta acostarte con un mosquito en la habitación. (Anita Roddick).
Dice un viejo dicho popular que el que tiene más saliva come más hojaldre, en alusión a aquella persona que sabe mucho de una actividad o tiene habilidad en algo y puede aprovecharla para mejorar su trabajo o su vida.
En el medio se ha destapado una camada de teóricos, tanto en la música como en programas de radio y televisión summa cum laude en saber de todo y eso, entienden ellos, les da patente de corso para considerarse dueños absolutos de la verdad.
En el caso de los medios de comunicación teorizan sobre todo, con el agravante de que sus teorías son palabra de Dios y cuidado con el que ose rebatirle sus planteamientos.
Y esto no es más que el reflejo de una Nación que ha tomado un derrotero donde hay que saber de todo para sobrevivir.
Es así cómo algunas profesiones se han convertido en una especie de tendedero, porque todo el mundo se engancha.
Entre éstas la comunicación se ha convertido en la niña mimada de quien anda en busca de qué agarrarse de algo para abrogarse un título fácil de asimilar y con el cual buscársela a como dé lugar.
Causa risa, por supuesto, de impotencia y verguenza ajena, ver a un Juan de los palotes tomar un micrófono, decir dos sandeces y de inmediato autotitularse de comunicador.
La televisión, la radio y la prensa escrita están preñadas de estos señores que se consideran amos de la verdad, sin analizar antes un planteamiento, porque hasta para eso les falta el más mínimo conocimiento de la carrera a la que a la carrera se han enganchado.
Y así vamos, unos haciéndose los tontos, porque es mejor dejarlos ejercer, tenerlos de aliados para en un momento determinado tomar ese micrófono o esa pluma y asumir el rol que no les corresponde, ni a él, ni al que le hizo el préstamo.
Los otros, esperanzados de que un día se le ponga el cascabel al gato para que impere el orden en una sociedad desordenada hasta más no poder.

