Sobre verdades y mentiras
La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.
La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande. Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español.
Doña Goya, nuestra abuela materna, con ese lenguaje campechano propio de los laboriosos hombres y mujeres de la campiña dominicana, decía: cuando usted no quiera oir la verdad, no diga una mentira.
Vivimos en el país de la mentira, con maestros summa cum laude enquistados en todos los estamentos de la sociedad.
Como decía doña Gloria Guerrero durante sus años de ejercicios en el periodismo de espectáculos la verdad duele.
En estos días la verdad está punzando las pretenciones de figuras de la política vernácula de una larga estadía en los puestos que el pueblo les asignó a través del voto.
Con la burla evacuada por el Congreso Nacional en torno al clamor del pueblo de incluir en el presupuesto complementario el 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PBI) a la educación se vuelve a demostrar que lo de representante del pueblo es un ufemismo propio de una clase política falsa y abusiva como la nuestra.
El titiretero movió los hilos y las marionetas actuaron hacia la dirección que les fue dictada.
Con la aprobación, en primera lectura, del presupuesto complementario el hemiciclo desconoció el reclamo de más de 200 organizaciones sociales que exigen el cumplimiento de la ley de educación. Una muestra más de lo ducho que son nuestros políticos en manejar a su antojo a un pueblo que consideran integrado por borregos, pero que en su debido momento sabrá echar mano de la verdad para combatir tantas mentiras.

